19 de febrero de 2012

Mellado y Zambra en PERFIL.COM

(Perfil es un periódico matutino argentino, de frecuencia bisemanal, editado en la ciudad de Buenos Aires. Fundado por Jorge Fontevecchia (CEO de Editorial Perfil) el 9 de mayo de 1998).


LAS DOS ORILLAS DE LA GRIETA

Por Quintín

Hace unos meses me encontré en una librería de Buenos Aires con los libros de La Calabaza del Diablo, una editorial chilena que desconocía. Tampoco me resultaban familiares los autores, pero tengo la ilusión de que hay una gran riqueza literaria escondida en los países de habla hispana fuera de la Argentina y España, que son los que el mercado nos facilita. En particular creo que pasa algo con la prosa chilena, más allá de la reconocida facilidad de ese país para engendrar poetas. Al menos, la narrativa chilena me da a la distancia la impresión de ser menos gratuita que la argentina. Aunque no tengo pruebas fehacientes, estoy convencido de que en Chile es más fácil encontrarse con personas que no han publicado ningún libro. Así fue que compré los libros que pude de La Calabaza, porque estaban a un precio muy razonable y por otra razón de peso: desde que Guillermo Moreno ejercita la tutela sobre los libros importados es prudente hacer acopio de ellos.

Para la misma época compré también Formas de volver a casa, tercera novela del también chileno Alejandro Zambra publicada por Anagrama. Zambra es un escritor joven (nació en 1975) y sus novelas tienen un gran éxito de crítica (dato: la primera, Bonsái, fue adaptada por su compatriota Cristián Jiménez y la película se exhibirá en el próximo Bafici). 




Un día, una mutación de las pilas de libros que en casa se forman y se deshacen como médanos hizo que Formas de volver a casa quedara muy cerca de uno de los libros de La Calabaza del Diablo: Ciudadanos de baja intensidad, de Marcelo Mellado. El resultado fue una iluminación. Mellado es un escritor veinte años más viejo que Zambra, que supo ser comunista, profesor y botánico, vivió en Chiloé y ahora lo hace en San Antonio, localidad del litoral central chileno, desde donde dice cosas como esta: “Cuando vives en provincia, descubres que Chile es una gran impostura. Imagínate la impostura que significa ser escritor. Yo no soy un escritor. Soy más bien una especie de operador discursivo y el modo en que hago circular esos discursos es la literatura.”


Mellado la va evidentemente de maldito, pero los relatos de Ciudadanos de baja intensidad (2007) le dan a esas palabras un sentido fascinante. Mellado resulta el gran cronista del hiato entre dos lenguas: la de la militancia de izquierda y la de las ciencias sociales que vino a ocupar un lugar vaciado por la dictadura y el envejecimiento de las ilusiones. Sus personajes, que tanto comparten con su biografía, son víctimas de una generación de arribistas y cazadores de subsidios que han colonizado el discurso bienpensante posterior a la dictadura mediante el academicismo de medio pelo que proponen los estudios terciarios. Mellado alcanza momentos desopilantes cuando insultos y maldiciones se intercalan con la abominable jerga técnica y la mezcla muestra que no hay modo de reparar lo que la historia ha roto, ni menos de conferirle a la literatura esa misión.

Pero Zambra hace exactamente lo contrario: se ocupa, a su modo, de suturar la herida y desandar el camino de Mellado. Hijo de un personaje apolítico, tal vez pinochetista, el protagonista de Formas de volver a casa utiliza un relato de infancia y una historia de amor para conectarse con el mundo silenciado por el efecto de la dictadura en su familia. Así emerge en el momento de la victoria electoral de Piñera plenamente entero, del lado correcto y con la literatura como arma cargada de un futuro tranquilo: su escritura límpida, moderna, cuidadosa, en el extremo opuesto de la frustración alucinada de Mellado, es el libro que bien podría acompañar a Camila Vallejo y el tiempo por venir. Entre el sarcasmo hostil de Mellado y el discreto lirismo de Zambra se dibuja el cambio del registro intelectual entre dos épocas.

Publicado en el diario PERFIL de Argentina, 18 febrero 2012.

GUTIÉRREZ, Mellado y la crítica.

La visión ampliada

Feb. 11 , 2012




POR JUAN MANUEL VIAL.

El segundo Gutiérrez -el primero se publicó años atrás- reúne a 32 escritores chilenos que aportan, entre poemas y narraciones breves, una buena cantidad de textos, todos inéditos y varios de ellos sobresalientes. La recolección de los escritos, así como el proyecto mismo, es obra del editor Andrés Braithwaite, y aunque en sus páginas nunca se percibe la intención de imponer algún canon (Gutiérrez no ofrece prólogo, ni párrafos de contratapa, ni declaración de principios, ni guiño alguno), queda claro que el criterio de selección se basó únicamente en la calidad literaria. Dicho de otro modo: el lector no encontrará aquí colaboraciones firmadas por Pablo Simonetti, Jorge Baradit o Isabel Allende.

Entre los poetas convocados destacan los magníficos aportes de Jaime Huenún, quien da a conocer un poema dedicado a cierta abuela en particular, el cual, al ser tan bueno, tan sólidamente cantarín y evocador, resulta fácilmente extensible a todas las madres de nuestros progenitores, pues "las abuelas, Salazar, son cosa seria". Matías Rivas, por su parte, contribuye con versos de cadencia latina que se revuelcan en la ferocidad del despecho masculino: "Todavía tendrás que hincarte como una esclava infame / y tragarte tu suficiencia. / Aprenderás el arte de felar a tus protectores / y sus huéspedes / con estilo y sin piedad". Y entre las sorpresas más agradables del libro, está la de volver a leer algo escrito por Diego Maquieira, quien, dicho sea de paso, no ha perdido fuego ni clase. 

Algunas de las mejores narraciones breves se valen de los recuerdos para entregar momentos memorables dentro del contexto de Gutiérrez. Roberto Merino, por ejemplo, visita una infancia del año 1965, y como quien no quiere la cosa, termina armando un elocuente cuadro de época, mientras que Germán Marín, a partir de una foto perdida entre un montón de cachivaches y otros objetos inútiles, resucita toda una época y rinde tributo a un camarada muerto hace tiempo. 
Apegado al estilo y al entorno que lo han hecho grande -la prosa puntuda y el puerto de San Antonio-, Marcelo Mellado relata la conclusión de una historia familiar que se desenvuelve entre cobijas de pobreza y resoluciones de hampones. 
Y Yuri Pérez, el talentoso escritor de San Bernardo, se apropia de la voz de dos mujeres en sendos relatos. La primera de ellas, abandonada por un hombre, se ha entregado a la suciedad, mientras que la segunda, "una viuda que escribe novelas de gatos", desarrolla un monólogo mordaz ante una editora de libros. Con mayor o menor gracia, los poetas Bruno Vidal, Paulo de Jolly, Claudio Bertoni, Oscar Hahn y Erick Pohlhammer se mantienen fieles a sí mismos. Lo mismo, claro que en prosa, podría decirse de Antonio Gil, cuyo relato se caracteriza por la impecable factura y una temática propia de iniciado en algún misterio esotérico. Rafael Gumucio se estrena en el arte del aforismo, Alejandro Zambra vuelve al verso, Carlos Labbé propone una serie de "borgeanas" y tanto Julio Carrasco como Leonardo Sanhueza publican poemas que sintonizan con el talento por el cual son reconocidos. Lamentablemente, por razones de espacio, no puedo referirme aquí a todos los contribuyentes de Gutiérrez. Bastará decir entonces, para ir terminando, que este libro aclara el panorama literario nacional y constituye, por cierto, una estupenda lectura de verano. 

Gutiérrez Varios autores. Andrés Braithwaite (editor), Santiago, 2012,  144 pp.