17 de diciembre de 2010

La poesía como política. Por Jaime Pinos.


 

Un par de versos de Juan Cameron para empezar. El poema, publicado a fines de los ochenta, se llama justamente Poesía Política: La situación en Chile es extremadamente compleja/ No entiendo una palabra/ No sé resolver este problema. Creo que estos versos de Cameron ponen las cosas en los términos precisos. La poesía política como un intento de comprender la situación, de resolver las preguntas planteadas por la realidad, a menudo dramática, de este país. Lo que sigue es el esbozo de algunos elementos, para mí imprescindibles, en la construcción de una poesía política en el contexto actual. O mejor, de una poesía que opere o sirva como una política, esto es como una estrategia de apropiación y transformación de la realidad, aquí y ahora.

La poesía como estrategia textual. Una poesía política debería plantearse, en primer término, como una relación, siempre compleja o problematizadora, entre lenguaje y experiencia. A este respecto, me parece que hay dos cuestiones fundamentales.

La primera es la posición que ocupa o pretende ocupar el poeta, el lugar desde dónde observa y habla. A más de cincuenta años de la publicación de Poemas y Antipoemas, creo que las aguas de la poesía chilena siguen divididas entre aquellos que trabajan por continuar y profundizar la empresa desacralizadora de Parra, o de rescatar la radicalidad de su impulso inicial, y aquellos que pretenden restituirle al poeta su aura sagrada. Poetas terrestres versus, como los llamaba Neruda, poetas celestes. O en términos de Bolaño: Poesía Civil versus Poesía Sacerdotal. Me parece obvio que una poesía política sólo podría encarnarse en el tipo de poeta que fueron o en que intentaron convertirse Enrique Lihn, Rodrigo Lira o Gonzalo Millán. Antes que un medium o un sacerdote capaz de conectarse con las altas esferas, poseedor del don prestigiante de la clarividencia, tan sólo un diestro operador del lenguaje. O como diría Lihn respecto a la labor poética, como siempre en tono paródico: ser un buen narrador que hace su oficio/ a medio camino entre el bufón y el pontificador.

La segunda cuestión en el ámbito textual es el material de trabajo. Si la poesía política debería ser la tentativa por comprender la situación vital y política en que ella misma tiene lugar, lo fundamental, antes de escribir, sería leer. El país como un inmenso texto, escribe José Ángel Cuevas. Una poesía política tendría que ser capaz de desmontar, a través de sus operaciones con el lenguaje, el juego de significados y significantes que constituye la realidad actual. La poesía política es o debería ser un ejercicio de lectura o deciframiento, en un plano tanto simbólico como práctico, de la situación del país. Una situación extremadamente compleja, como dice Cameron, cuya interpretación implica, necesariamente, su refutación o su crítica. Otro campo ineludible para la construcción de una poesía política es el rescate o la relectura de la tradición. 

Lo que se ha llamado poesía política, o poesía social, tiene antecedentes bastante remotos en la tradición chilena. Un primer antecedente es la Lira Popular. Poetas como José Hipólito Casas o Rosa Araneda, entre otros, así como poetas anónimos o desconocidos, lograron, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, articular un discurso poético enraizado y dirigido al mundo popular. Me parece que ese es el origen de un arco que se abre con Carlos Pezoa Véliz y alcanza, en términos del material poético y la intención política, a la vertiente abierta por la antipoesía y sus principales herederos (pienso en el Lihn de El Paseo Ahumada o La aparición de la Vírgen). En términos más contemporáneos, creo que esa línea de trabajo con la contingencia histórica y social tiene entre nosotros continuadores relevantes como José Ángel Cuevas o César Soto, por mencionar sólo un par de nombres.

Finalmente, más allá de lo textual, creo que una poesía política debería hacerse cargo, en términos prácticos, de su desesperada situación en este País de Poetas. Después de casi cuatro décadas de pauperización o abierto sabotaje del circuito entre escritores y lectores, la poesía chilena debería asumir como primera tarea recomponer sus propias condiciones de existencia. Para ello, además de la apelación a un estado demostradamente indolente respecto a la cultura en general, la poesía debería abordar el camino de la independencia y la autogestión como el único viable para recomponer ese circuito. En el contexto actual no basta con escribir, también hay que hacer literatura. Creo que la emergencia de editoriales y proyectos autogestionarios en el último tiempo, alentados sobre todo por las promociones más jóvenes, es una esperanza y un síntoma de vitalidad a este respecto.

Escribo poesía para seducir mujeres y para destruir el sistema capitalista… en ese orden, escribió el poeta norteamericano Kenneth Rexroth. Un poeta declaradamente revolucionario cuya tentativa, inspiración fundamental para los beats, era, en sus propias palabras, la de aunar erotismo, misticismo y revolución. Para los que aún sostenemos la creencia, casi esotérica a estas alturas, de que el cambio social es posible, creo que sus palabras encierran una intuición fundamental y totalmente valedera. La intuición de que la poesía puede contribuír a alimentar una nueva perspectiva que en vez de disociar las dimensiones sociales e individuales de ese cambio, trabaje por integrarlas. La Historia nos ha enseñado cómo esa disociación ha llevado al fracaso reiterado del proyecto de cambiar radicalmente esta sociedad, sustituyendo un poder por otro, una dominación por otra. Un fracaso que le ha costado la vida o la segregación a una multitud de poetas. Dos casos dramáticos que se me vienen de inmediato a la mente: Maiakovski y Roque Dalton.

Sin embargo, pensando en el futuro (y pensar en el futuro o imaginarlo es también una tarea ineludible para la poesía) creo que la poesía debe trabajar y fortalecerse para cuando los tormentosos vientos que corren cambien de dirección. Entonces, si ese día llega y la poesía chilena ha tenido la valentía suficiente como para sobrevivir, su experiencia podría aportar a ese cambio lo que hasta ahora ha sido su carencia principal. Le preguntan a Lihn, año 1968: ¿En qué forma la poesía es capaz de ayudar, sin dejar de ser poesía, al avance en la conciencia revolucionaria del pueblo? Termino esta intervención con su respuesta: Impidiéndole dormitar en esquemas o en vagas generalidades, ampliándola o clarificándola en la dirección, en el ámbito de la sensibilidad. En una situación ideal, a la que es preciso acercarse, la poesía aportaría a la revolución su necesaria dimensión interior.


Jaime Pinos



Santiago, Noviembre 30 de 2007


* Intervención en mesa de debate sobre “Poesía y política: estrategias a la realidad en los discursos políticos recientes”, moderada por Camilo Brodsky, y la participación de Pablo Paredes, Ernesto Guajardo, Víctor Hugo Díaz, organizada por Editorial Cuarto Propio en Feria Internacional del Libro de Santiago, 2007.

Partición, por Marcelo Mellado.





Hace apenas un par de semanas apareció en nuestra ciudad otro texto poético, que se suma a los aparecidos y a los por aparecer. Otro ejemplo de la productividad local que construye a conciencia un movimiento poético-literario potente y renovador, y de profundas marcas territoriales, lo que no significa  localismo fatuo.
Partición es un texto poético que asume motivos clásicos y universales, siguiendo una línea reflexiva e interrogativa, alejada de giros coloquiales, muy en boga en mucha de nuestra poesía nacional. Es decir, por un lado se desmarca de algunos facilismos  lugareños, pero por otro asume los temas de una poesía autoreflexiva y preocupada hasta el delirio del sentido de lo humano.
El texto esta dividido en ocho momentos o capítulos, delimitados y definidos por títulos muy sugerentes: El espejo y sus vestigios, Apariciones, Implantes Visuales, etc., que si bien parecen a corresponder a títulos de mini poemarios surgidos en distintas instancias, están determinados por un mismo eje que en éste caso es la búsqueda de la imagen como ejercicio critico del sujeto y el mundo que él construye.
El tópico de narciso junto a la fuente irrumpe potente y revitalizado como interrogación del hablante y estableciendo un estatuto de la mirada, en un juego de reflejos distorsionados (“una mujer se lleva una mueca a la cara”). El hablante interroga e investiga y hace entrar en crisis los sistemas de identidad del sujeto que se abre “daltónicamente”  al mundo.
El mundo aparece como una red de espejos, aguas reflejantes y sistemas que duplican imágenes, en donde el rostro, como identidad prima, es sometido al abismo de una auto-mirada que se devela los maquillajes ilusorios que padece el sujeto.
Estamos ante una poesía especular que duplica la imagen, pero también es el magro espectáculo de armarse una identidad antropomórfica. Y aquí la palabra-título, con su carga jurídica de división de una herencia, quizás con el peso bruto de lo familiar, adquiere un profundo sentido introspectivo. Aquí el texto adquiere tonos más personales y autobiográficos en donde la soledad es el punto de mira.
En “Partición” las imágenes se construyen con prolijidad y maestría. Si hubiera que privilegiar un objeto, éste será el espejo o sus homólogos líquidos, como su duplicación fatídica y crítica de objetos y sujetos, en que el rostro es la matriz del imaginario poético, aunque siempre herido de lágrimas.
“Partición” es, sin duda, el texto poético más importante publicado en muchos años en nuestro puerto.


PARTICIÓN, Editorial Pieza Oscura, Juan Carlos del Río.
2005.

En : Diario local “El Lider”, 30 de Mayo de 2005

Registro Pato Fernández en San Antonio, 2010.

Compañeros, les debíamos el registro de Patricio Fernández, escritor y director de The Clinic, en su venida a San Antonio, octubre de 2010. 
Vea lo que pasó.










3 de diciembre de 2010

El fatídico kilómetro 45.


Todo San Antonio iba en ese bus. Todos los vecinos de la ciudad tienen algún cercano ligado a la catástrofe carretera. Somos un pueblo pequeño y con una impronta trágica indesmentible. Estamos de duelo y probablemente lo estaremos durante mucho tiempo. No hemos terminado de sacar nuestros escombros del terremoto y nos cae encima este brutal acontecimiento. Después de la ira inicial no dan ganas de quejarse ni de echarle la culpa a nadie, nada nos devuelve a nuestra gente. En este instante hay que contener y compartir solidariamente con los familiares y la comunidad. En la calle la gente está triste e impactada por lo inesperado del hecho. En estas circunstancias sólo nos corresponde, simplemente, llorar a los nuestros.
Muchos habitantes de San Antonio, entre los que me incluyo, deben viajar constantemente, ya sea a Santiago o a Valparaíso, o a zonas intermedias, para trabajar, estudiar o hacer trámites, es decir, son traslados determinados por nuestras carencias o por la escasa presencia que tiene el Estado en esta zona. En resumen, el desplazamiento de sus habitantes es un rasgo de identidad, qué duda cabe. Y para ello, obviamente, hay que recurrir al servicio de transporte interprovincial, que es un mercado restringido y caro que debemos padecer los que habitamos acá, y que incluiría, además, este horrible accidente en sus costos. Y no es que quiera llevar agua para mi molino, pero este simulacro de competencia que exhiben la Pullman y Tur Bus, producto de un acuerdo, tácito o no, de repartición de rutas, redundó en el mantenimiento de la hegemonía de la primera empresa, ligada por tradición a nuestra ciudad, y supuso, por el otro lado, que la otra empresa hiciera uso de lo más marginal de su flota en esta zona. De haber responsabilidad empresarial en el accidente, ésta sería compartida.
Yo sé que todo análisis es posterior y que casi no vale la pena reflexionar demasiado sobre el asunto, incluso da rabia cuando los políticos hablan de llegar hasta las últimas consecuencias en sus investigaciones (que hacen después de los hechos), cuando la lógica imponía la prevención. Lo único que nos queda para honrar a nuestras víctimas es mejorar como ciudad, cuidándonos y queriéndonos más. Estos días he recibido muchísimas llamadas de amigos y familiares de otras latitudes para averiguar sobre lo ocurrido y por solidaridad general, lo que me ha hecho sentir profundamente sanantonino. Es decir, con todo el derecho del mundo a hacer el duelo por nuestros esforzados trabajadores y trabajadoras que entregaron su vida en el kilómetro 45.



2010

27 de noviembre de 2010

Hoja de ruta


El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
(Gonzalo Millán)

                                                                               (Homenaje víctimas accidente
San Antonio- Santiago)



El cuidador del cementerio no alcanza a cerrar el portón
la cadena se suelta
cae al suelo
los eslabones quedan regados como migas de pan
las palomas se confunden
se abren las hojas del portón con el viento
los familiares caminan retrocediendo por las calles del campo santo
se paran nuevamente alrededor de las tumbas
las lágrimas se devuelven
suben por los lagrimales
la humedad del llanto se evapora por los cielos
los pañuelos se guardan en los bolsillos
las palabras finales de los curas se devuelven a sus bocas
los panteoneros retornan a la faena:
retiran las coronas de caridad de las tumbas
retiran los ramilletes de flores de las tumbas
toman las palas de punta redonda
excavan la tierra suelta
suben los ataúdes lustrosos desde las fosas
cargan el carrito mortuorio
un hombre gris tira
las carrozas fúnebres se retiran... (Retrocediendo)
los deudos caminan
bajan por los cerros de San Antonio y Llo-lleo
hacia el mar
la gente mira desde sus ventanas
las capillas y las iglesias ardientes se encienden
como hogueras -están atestada de gente-
los cirios son enchufados nuevamente
las coronas son regresadas a las florerías
las condolencias son devueltas al platito de bronce
son retiradas por sus dueños
la escritura retrocede en las tarjetas de condolencias
quedan en blanco
los Salmos vuelven a las bocas de la gente
los himnarios se cierran
la Biblia se cierra
siguen las carrozas su transito… (Retrocediendo)
se devuelven los cuerpos a las morgues
los médicos forenses guardan los bisturís
se sacan los guantes quirúrgicos
se sacan los delantales
caminan retrocediendo a la salita de estar
encienden el televisor… (conversan)
los cuerpos son devueltos a las ambulancias
las ambulancias llegan a la autopista del SOL
las personas bajan caminando
las personas suben al bus
las personas se sientan en los asientos reservados
el bus vuelve marcha atrás a San Antonio
la barrera de contención se abre
el bus pasa y se cierra
pasa un camión en el mismo sentido por la pista contraria
los sueños de los pasajeros se devuelven
la película que exhibe el bus retrocede
los pasajeros se bajan en los paraderos
donde habían subido esa mañana
la locomoción colectiva se devuelve
llegan a sus casas... de espaldas
se abre la puerta… ¡entran!
se acuestan en las camas aún calientes
apagan la lámpara del velador… (duermen)
el medidor de luz retrocede
el medidor de agua retrocede
el bus llega…retrocediendo
el motor se detiene
el chofer mueve la llave en sentido de apagado
vuelve a la garita de espalda
cuelga su casaca
entra a la hospedería… (se acuesta)
su sueño vuelve al principio
la alarma del reloj suena
el chofer se levanta 
suena el teléfono… ¡contesta!
una voz da una orden
(posiblemente el gerente de operaciones de la empresa)
Dice: el bus hoy no está en condiciones de salir
Por favor, descanse
tómese el día libre
siga durmiendo
hoy día nadie se muere por salir.



Juan Carlos Del Río