1 de abril de 2009

A propósito de Descentralización Poética (en San Antonio)


Poco sabemos del término descentralización, pero la sola lectura, gracias al prefijo des nos aproxima a su significado. Recuerdo, a causa de una fotografía de los años de campaña presidencial de Salvador Allende, aparecida en algún medio de esos años, una imagen certera: en ella se mostraba un lienzo colgado de una micro, el cual llevaba inscrita la frase Descentralización Ahora. Pienso en el grado de madurez política de la sociedad de esos años. Ahora, hoy en día, dudo de si alguien -si quiera- sospeche sobre la importancia de esta frase o slogan. Es aquella reivindicación que se toma de manera homóloga en poesía, pues en lo político creo que es aún más complejo, por el momento.

El hecho de participar en el encuentro denominado Descentralización Poética nos hace militantes, en algún grado, de este proyecto. Ahora bien, descentralización, como tema político-administrativo, busca redistribuir el poder desde el centro de pulsión política hacia otros centros de pulsiones, llámese regionales, provinciales, locales, etc., otorgándoles mayor autonomía, lo que en nuestro sistema constituye un disfraz, tratándose de un sistema político quebrado, puesto que no da respuestas reales a la concepción de una sociedad democrática y, por tanto, participativa.

Lo que conocemos como procesos de descentralización, a partir de la década de los sesenta, no es otra cosa que deslocalización (traslación de tareas, programas propios de Estado a los Municipios, sin entregar autonomía ni poder de decisión).

En el caso de los municipios, por ejemplo, se proponen tareas, programas y funciones esencialmente de Estado a la administración local, en forma de paquetes en los cuales no hay ninguna intervención por parte de la administración local. En este sentido entonces, se convertirían en meros administradores, pero sin ningún grado de poder de decisión, pues carecen de autonomías y de recursos para efectuar esas políticas propias de Estado. En la práctica, el Estado traslada su carácter extremadamente centrista, mostrándose como un Estado Descentralizador.

Por otro lado, el proyecto denominado Descentralización Poética, busca por medio de los poetas, la adhesión en cada ciudad donde se efectúa, de todo tipo de público, sobre todo de aquel que no asiste comúnmente a lecturas de este tipo ya que generalmente ocurren en espacios institucionales, y entiendo que el objetivo de este encuentro es quebrar con esa norma, lo que se traduciría también en atenuar ese poder central por donde pasa lo poético, al igual que lo político, que se ejerce desde un centro y un deseo poético.

Ahí están los poetas deseosos de poder, inventando un circuito, o el besa mano que hay que realizar para poder constituirse en poetas de verdad. Es decir, juntarse con quién haya que juntarse, visitar los lugares que haya que visitar, tratar de ser publicados en editoriales o revistas que legitimen un proyecto poético oficial, acaso canónico, fatuo, serio, por decirlo de algún modo.

En cambio, para nosotros el ejercicio escritural es esencialmente un hecho poético en su génesis, pero en su libertad es un hecho racionalmente político. Entonces, podríamos también señalar que la poesía es un hecho estético, el que a mí parecer –y bajando la intensidad- no pasa por lo bucólico contemplativo, ni por la hondura del alma, ni corresponde al desgarro amoroso, ni mucho menos a una situación poética amalditada, por nombrar sólo algunos formatos en que se nos presenta el acto poético. No podemos negar que, y siendo bien honestos, también le lleva algo de esto de manera implícita, pero se quiebra rápidamente en el frío de la textualidad, y pesa mucho más lo territorial fundamentado principalmente en la ciudad, como el hecho poético-político al momento de querer intervenir la poesía o que ésta intervenga a través de nosotros.

Existe entonces nuestro caso, de pueblo amenazado por la desesperanza (según sostiene Mellado) y los tópicos de la civilidad en donde se encuentra la tarea más o menos resuelta: la ruina de la ciudad (Escuela Nº1), generadora de proyectos pictóricos, musicales, textuales, bibliotecarios, de infraestructura cultural, etc., y la imbricación política como punta de lanza. Más de alguien podría afirmar que Descentralización Poética de igual forma constituye un circuito de legitimación, y creo que realmente lo es, pero solamente en la medida en que la acción poética es concluyente, es decir, lo visible o presenciable como consecuencia de lo poético, y no la estructura del cuerpo al momento de llevar a cabo la acción, pues se está sin duda tocando lo político sin tocarlo, sin realizar la mera especulación vocal.



Juan Carlos del Río