22 de febrero de 2009

¡A T E N T A D O!*



Asamblea, vista comedor

Editorial Economías de Guerra

Economías y Buceo Táctico

La fusa

El Yeko, leyendo su manifiesto

Jaime Torres


Libertad



Poema colgante de El Yeko




(*) a nuestra rutina


Fue inaugurada la Primera Muestra de Arte Contemporáneo este viernes 20 de febrero de 2009, 20:00 horas, con una explosiva lectura de poesía de el Yeko, poeta San antonino, vestido de escolar y todo, desde el techo arrojando su verbo sobre los presentes, para luego quemar el cuaderno de caligrafía junto con la corbata del uniforme, en rememoraciones anticuadas y testimonios en grabaciones, de personas que asistieron a la escuela, o niños y vecinos que opinaban sobre la importancia actual de la ocupación activa de ella.
Se rompieron las barreras que decían PELIGRO, cada uno pasó y rompió sus ataduras para ingresar a la viva Escuela número 1 de San Antonio.

12 de febrero de 2009

La Retórica Colonial


La bataclana plumífera ama al jefe del personal. El amor los convoca. La niña dromedaria se pasea por el paseo Ahumada blandiendo su espejo de tocador. El carenalga la sigue entre la multitud babosa de deseo. La pura sangre, cadereando como un puntero derecho, sortea el asedio y se interna carepalo en la catedral de Santiago. El carenalga, en el colmo del despecho, se hace un harakiri criollo castrándose en plena plaza de armas, frente al ayuntamiento y a un costado del correo. El articulador del asunto interpreta el episodio como la demoniorrea apropiándose del teatro de operaciones, con su destacamento fonorreico y semafilítico. La dramática vanguardia falocrática que, despechada por la historia que no la contó, no encuentra raja posible en donde su conquista, su placer de habla sostenida ad infinitum. Mientras tanto la emplumada va al altar (de la patria), allí hace de las suyas con los suyos que son los unos y los otros. Todos (los unos y los otros) con sus lirios encendidos proclaman el advenimiento del más viejo de los teatros de operaciones. La proximidad corporal como práctica ritual. Para la carne sobran puntos de apoyo (corporal).
La puesta en escena abre un resquicio, un hueco de habla por donde se cuela toda una retórica del sobresalto (corporal). Todo nos habla de un macumbeo ad usum delphini, de un placer -dolor cuyo sentido posible es La Histórica Relación del Reino... (corporal). Así que alguien que no es plumero ni pájaro, exhibe sus plumas, su plumífera corporalidad convertida en plumífero acto de contrición (corporal). La manso hocico succiona lo succionable. Aprieta lo apretable. Irrita lo irritable. Imita lo imitable. La hocico magno asume los más variados modelos de iniquidad corporal, para así convertirse en la mediación productora de todos los consumos (y la consumidora de todos los productos). La voracidad es el rasgo marcado. La plumífera de hipopotámica voluminosidad corporal se contorsiona en éxtasis zoosatánico y se le humedece el sapo en plena somnolencia. Pero siempre hay alguien que mira por el hoyo de la cerradura de la puerta (de la catedral). El carenalga agónico en un charco de sangre se victimiza en un paroxismo retórico. Todo esto ocurre en un sitio pelado a más no poder. La niña que tras la puerta, desplumada y a poto pelao, llora a moco tendido la eyaculación sanguínea del amante discursivo. Ahora es una iconografía en plena involución. El victimizado, en el colmo del despecho teórico, la ahoga en su propia sangre convirtiéndose de facto en un iconoclasta. Y el amor los coagula en una sola costra scriptural.




Revista MARGEN Nº 4
Santiago, 1985.

Talleres Escuela 1


ATENTADO en la Escuela 1!






Primera muestra de Arte Contemporáneo en la Escuela 1

5 de febrero de 2009

La Otra


La sustituto toda esquinada y esquiva se pasea y se lo pasean por el parque (metropolitano)
La niña hembra se pasea por el parque al atardecer y todos se la pisan como hoja otoñal pisada por amantes de a pie.
La niña masajista le clava sus uñas nacaradas, por pura retórica, al viejo nalgudo que le tira los cortes en plena región (metropolitana).
La muy sucia le clava sus dientes con rouge al pianista rugbista que busca un relato que le valide su masculinidad problemática.
La niña santiaguina a pleno uso, a plenitud funcional, se va sacando plumas del rabo bajo el alero de los puentes (como la viejecita que debajo de un puente pelaba pollito con agua caliente).
La niña de la zona, raja al sol, es posesa por la vía angosta, hasta amanecer en amplia avenida de la alameda de las delicias; la niña tetona sin duda se las trae (a cuestas).
El careraja se baja anhelante de una micro repleta en busca de su peor es na' pero el tráfico le entorpece su destetado andar y la pierde en el parpadeo de sus pestañas postizas.
Luego, después de un arrebato teórico y sometido a la linealidad del relato, opta por movilizarse en el tren subterráneo, más conocido como metro.
El careraja, deseoso, la espera en la "Estación Unión Latinoamericana", opción de encuentro que para estos efectos podría devenir simbólica.
Van, todo anacrónicos, al Santa Lucía a hacer cosita y luego al San Cristóbal a reposar. Al pasar por el zoológico, los dos, carepalo, se hacen un corte de gillete en la raja y he aquí la performance made in chile.
Literalmente es una hembra de acá. Sana muchacha de la hecatombe nupcial. La niña de la enorme raja, hembra de la zona Anal, la del eros cognoscente. La bípeda, ahora implume, que ama cual fetiche, al objeto de acá, objeto de su deseo más profundo.
Finalmente, en un último intento de intervención histórico-narrativa, la sucia le agarra la coyoma, al careraja, éste, todo semiotizado, simula un coito interdigital como opción de manualidad discursiva.


Revista Margen N°4
Santiago, 1985.

1 de febrero de 2009

Homero contando a chile


canta ¡oh! musa la historia (o al menos tararéala, y si te es muy dificultoso, chíflala) del flaco zarrapastroso que a pata pelá dejó la primera huella borrosa en esta leptosomática faja de tierra. ponle letra a la peripecia del pililo que deambuló por "desiertos", "sitios eriazos", "cordilleras" y, probablemente, "playas" en busca de una patria que lo reconozca. ponle melodía a la epopeya del hijo natural de esta tierra de nadie que busca un papi que lo reconozca como propiedad corporal, restitúyele con tu canto este híbrido madre-patria, complemento andrógino constitutivo de la nacionalidad que le da sentido. dale la posibilidad (histórico-literaria) de ponerse al alero de una paternidad, que aunque irresponsable, le dé razón fundacional, cántate a capella la historia de este patipelao de dudoso origen que arrastra su ambigüedad por los pavimentados caminos de chile. otórgale ese algo que le permita inscribirse en un soporte geográfico que lo nomine. canta ¡oh! musa la historia de este pelagatos de uñas nacaradas que no encuentra un poeta que lo y se lo cuente al modo brujo -sacerdotal. cántate esa historieta bufa para que al menos nos recuerden los buscadores de naif bibliográficos. dale con tu canto el origen que necesita para perpetuarse como historia y/o perpetrar una/la historia como relato fícticio (con pretensiones de mito fundacional ad usum homo chilensis). dale curso a la epopeya de medio pelo que se nos viene encima como retórica trasnochada de un religare místico. canta o musita loas edificantes a la tierra que él (se) pisó. susúrrale al oído con tu canto y otórgale el origen que necesita para instalarse como historia posible/disponible y/o inventar una/la historia como relato mítico/verdad original. invéntate una ficción a la altura de nuestras necesidades discursivas, un relato tal que nos justifique como habla autónoma. si nos la cuentas, cantando-susurrando-murmurando-mitificando, nos/los habrás redimido de la terrible omisión de que éramos víctimas y, de paso, habrás fundado el eterno y divino discurso: la verdadera historia de la patria, es por eso que, canta ¡oh! negra maraca el valcesito/bolero de la buena nueva. espétalo con tu delirante falsete tropicalón. ponle ala y bambolea tus ubres analgadas, negra hedionda, en este bailongo iniciático, haz comparecer tu enorme queque en este jubileo de Gaudium et spez. relátate a gramófono (como canuto en plaza de barrio) esta salvación posible. nárrate, desde tu escenario de bataclana de puerto, una nouveau roman que nos diga o nos contenga a todos en el mismo saco, compónete algo así como un espejo mágico en que todos y cada uno se pueda reconocer. invéntate, de una vez por todas, una imagen convincente de aquello que llamamos chile. sí negra, todos somos tu punto de apoyo, todas apoyamos tu proyecto especular. ponte frente al tocador y delínea-te-lo, ponle base y colorete, búscale un rojo carmesí acopihuado y embadúrnale el hocico, échale sombra azul del cielo y estúcalo con crema cordillerana, y le rematai con rímel pa'l contraste. luego se lo emplumai y ¡viva chile!



En: Revista MARGEN
Revista de filosofía y letras
Nº 4.
Director: Justo Mellado.
Santiago, 1985.