30 de octubre de 2008

28 de octubre de 2008

El margen del cuerpo


En San Antonio


Encuentro Latinoamericano

La señora Juanita


Un silencio
Un grito

Un toque de gong


Joan Brossa


Cadena Nacional

Me dirijo a ustedes mientras camino...
hago una relación de hechos puros y simples
como la adjetivación de la palabra deseo
mientras me cubro con los paños mayores
de la historia
y la fraseología de un ex presidente
que zumba como tábano en mis oídos
Mi identidad es secreto de Estado
la rabia que tengo es un mecanismo
de dispersión
a la mano como una navaja
y el vacío que la circunda
en la mesa blanca
y lo terrible de su significante
mango
hoja
brillo
pero sobre todo
filo cortante
todo en un espacio de silencios y miradas
en la atmósfera más inquietante de este día
en que armo mi propia teoría general de estado
porque en ella habito en ella me muevo
como oveja negra nunca redimida
manejo la economía doméstica a puro lanzazo
del mismo modo en que se me tiran
al pasar de noche en noche por las calles
la sal la riego en el piso para caminar sobre la nieve
por no poder caminar sobre las llamas
por esa acción de lo cívico
que me viene de tanta esperanza guachita


Instalaciones íntimas

Asumo el pudor inmenso para seguir...
con mi cara sin pintar en la vía pública
blanca como la ausencia
de este numerito que me mando
¡no pido cámara!
sigo caminando
observando
mientras me atraviesa el recuerdo
de ese señor y de todos
los que se enjuagan la boca
con mi nombre y luego lo escupen
y ese famoso dedo en la llaga
y la llaga que paralizó la historia
por un momento
-avanzo-
y se detuvo nuevamente
escenas
escenas
pústulas aún no cicatrizadas
por eso hablo desde la ventana
como si fuera mi palco
hacia los otros


Primer plano

Mi imagen es parcialmente borrosa
no tiene cobertura televisiva
como un vidrio empañado por el frío
como la última luz de una casa
Pero no soy un mito
no he escrito mi último discurso
y me resisto al tono labial
que es el tono del descanso
letanía pero no silencio
por eso sigo
con este relato incansable
con la cara limpia
mientras especulan con el rictus
de mi sonrisa de mujer
como si fuera otra sonrisa
un plan de medios macabros
no leo noticias
lo mío ha sido la televisión
y el cuadro celestial de la ausencia
y sus estrellas
la programación de ella
es el parlamento
a la audiencia domesticada
como primitivos junto al fuego



Juan Carlos del Río


*Textos de: ¡AL TOQUE DE GONG!

20 de octubre de 2008

Luces de Reconocimiento



Lunes 6 de octubre de 2008 _NOM_SECCION1
por Artemio Echegoyen


LOS PLACERES Y LOS LIBROS

Melancólicos artificiales


¿Qué son éstas "Luces de reconocimiento"? Visiones para la memoria. Elaboradas a velocidad de paseante pensativo, "escritos en su mayoría para la trastienda de la prensa", las "elucubraciones" o ensayos y otros textos breves de Roberto Merino (1961) sobre autores chilenos, occisos o coleantes, evidencian a Merino como un escritor "presente, necesario y ejemplar", cuya mirada derrama luces materiales, conmovedoras a menudo en su casual originalidad iluminativa, sobre Parra, Huidobro, Gabriela Mistral, Rodrigo Lira, Bertoni, J. L. Martínez, Luis Oyarzún, Anguita, Pezoa Véliz, Pohlhammer, Bruno Vidal, Gonzalo Muñoz, Enrique Lihn. Poetas reconocidos como a luz de farol en lo que llama "vagas coincidencias". De Lihn transcribe un párrafo estremecedor de 1988, año de su muerte: "O sea, uno sale a la calle y no es la calle ( ). Despiertas, digamos, en Nueva Delhi y hay cosas que no habías visto nunca, porque no es lo mismo ver fotos. Son cosas muertas. Entonces, ¿cómo vives las cosas muertas? O no ves nada. Las que ya murieron no se ven. Entonces, tratas de rellenar un fantasma invencionado o inventado y ves que para ti no ha de rendir nunca una imagen real. ( ) la poesía es una relación anómala con la realidad ( ) en ese lugar tú no estuviste y sabes que años atrás ese lugar era otro y todo lo que había allí ya no existe".

En otra página dirá Merino himself que la experiencia poética es inconcebible para quienes están vírgenes de ella. Pero volvamos a sus notas. En "Mundos transitorios" vemos a Marcela Paz, Donoso, Marín, Juan Emar, Carlos Ruiz-Tagle, Couve, Marcelo Mellado y el menos sonado Federico Gana. Insólitos para el despistado son también los nombres de Mario Rivas ("alacranado", antisiútico), Jorge Délano (dibujante y cineasta), Marcelo Matthey o Ricardo Puelma, incluidos en la sección "Cosas que pasan" junto a Edwards Bello, Martín Cerda, Cristián Huneeus, Luis Oyarzún, Violeta Quevedo y Manuel Vicuña. Cada una de estas páginas se revela magnética sin remedio para el lector, sin que importen las causas al detalle ni el nombre tan numeroso del personaje de letras aludido cada vez. ¿Qué más decir? Nada, el volumen habla solo. El autor, en la nota final titulada "El último libro", falso y artificialmente (hecho con arte, pues lo real es un efecto Doppler) melancólico testamento vocacional que se muerde la cola, dice de las energías centrífugas de la literatura: "El impulso de abandonarla es de por sí un motivo literario, un pretexto o tema para seguir escribiendo".

LUCES DE RECONOCIMIENTO
Ensayos y notas
Roberto Merino
Ediciones UDP, 2008
178 páginas


13 de octubre de 2008

¡Biblioteca!


Fuera de toda polémica añeja, rescatamos esta portada del diario regional EL PROA, de San Antonio (Edición Nº 6.777, miércoles 17 de septiembre 2008), en donde se deja clara la importancia y la urgencia de nuevos espacios implementados que permitan la participación y el desarrollo de nuestra población.

14.000 personas participaron en esta votación y es así como volvió a resurgir el llamado que desde hace tanto venimos haciendo: BIBLIOTECA PARA SAN ANTONIO.

...Y no es joda compañeros...
Por ello es tan importante que todos y todas nos hagamos partícipes de la ASAMBLEA CULTURAL del 18 de octubre, allá nos vemos!



ASAMBLEA Cultural



ASAMBLEA PARA DAR CUENTA, COORDINAR, DISEÑAR, CONOCER, PROYECTOS EN RELACIÓN A LA CULTURA EN SAN ANTONIO POR PARTE DE ORGANIZACIONES Y GRUPOS CULTURALES ACTIVOS; COMPARTIR EXPERIENCIAS Y PLANIFICAR A FUTURO EL DESARROLLO DE NUESTRA CIUDAD.


DÓNDE
: ESPACIO CULTURAL DE LLO-LLEO
CUÁNDO: SÁBADO 18 DE OCTUBRE
HORA: 18,00.


5 de octubre de 2008

Poesía polifémica Poesía arquitectónica


¿Qué es lo que hace una persona ciega cuando usa un bastón o un perro?. Ocupa otro elemento que adelanta sus movimientos y que adelanta la imagen.

Decidí ser ciego. Hice el ejercicio de ponerme una venda en los ojos y caminar. O sea ponerme en las dos fases de movimiento, la primera fase, es el movimiento interno que hace que tu cuerpo esté parado o alerta. Este ejercicio, cuando estaba ciego, me llevó primero a: tensar mi cuerpo, o sea, al tener una forma extraña de percepción, este reaccionó contra sí mismo. Segundo: se amoldó una linterna de luz interna que buscaba focalizar las ideas de imagen y la idea de movimiento. Todo mi cuerpo era un ojo –como conciencia de la imagen-, por los cuales miraba, o trataba de mirar: las miradas recurrentes fueron, recordar cómo era el espacio antes de cerrar los ojos (siempre existe la memoria de un hecho anterior desde donde actuamos o nos movemos, al igual que el lenguaje que busca un sentido del sonido por un lugar que ya han transitado otros sonidos, otras formas del lenguaje), y construirla nuevamente –a la mirada-, con el único ojo del cuerpo y en especial, con la dermis. La otra forma de mirar era con la oscuridad de los ojos vendados, o sea con la cuenca de los ojos, y cómo afecta la luz al cuerpo para entender los espacios desde el espacio de mi cuerpo.

Cuando me decidí a hacer el otro movimiento, la fase de avanzar, en forma inconsciente, llevé mis manos hacia delante, o sea, puse algo primero que mi cuerpo, pero que nace de mi cuerpo, como parte continua del movimiento, la elongación constante de nuestra máquina significante, como engaño comunicacional o como ilusión perceptiva. La conciencia de que la linterna de Polifemo se mueve y focaliza las formas que se le escurren, y que la imagen de la realidad avanza en mi cuerpo formándose y diluyéndose, se formaba y se diluía. Necesitaba, también, oír mi voz para tener conciencia del espacio en el cual me movía, o sea la voz, o el ruido, como otro movimiento que deja huella.

Todo esto como un grado de ilusión de los sentidos torturados, como grado del deseo, por el bullicio de la modernidad.

Poesía polifémica, poesía arquitectónica, la idea de Polifemo como construcción social del deseo, en su forma arquitectónica.

Un lenguaje de apariencias y dominado por lo ocular.


Por Jorge Muzam*

Pelambres


Marcelo Mellado es un escritor que patea basureros en noches solitarias. Los pocos amigos que tiene son bienintencionados pero completamente ensombrecidos por su talento furioso; sus enemigos, entre los que hay abundantes funcionarios de baja intensidad y poetillos mamadores de teta estatal, son, por matemática norma, intensamente mediocres. Marcelo se lanza en picada, como un kamikaze o un Pancho Villa con su cucaracha loca, contra los quistes del poder local y las instituciones culturales. Normalmente su artillería resulta un argot para el mayoritario analfabetismo funcional de les chileans, salvo cuando se enoja mucho y coprolaliza su embestida. Entonces algunos se ríen, con esa risa poco genuina de quien no está seguro de estar siendo directamente atacado o si es solo un simpático hueveíto más que no le incumbe. Mellado entiende muy bien la putrefacción de las prácticas cotidianas, aspira él mismo ese aire maligno, viciado de malintenciones y lo exhala como oxígeno primaveral.


Jorge Edwards, no come asado con tinto, sino que degusta petit bouches con burbujeantes envejecidos, no va al water sino al toilette, no discurre, ni teoriza ni filosofa sobre la vida sino que describe a la silla como una Luis XVI y a la mesa como una Reina Victoria. Su lenguaje de ambassador conservador está desteñido. Critica lo que le parece peligroso para su burguesa vida sin estridencias. Es un relamido sobrevalorado, poco talentoso, beato y amariconado, con aires de divo.


Germán Marín, no está mal, aunque lo han elevado hasta una altura que no le sienta bien. Solo tengo en mi mente Las Cien Águilas y algunas diatribas impartidas a su usual enemigo Jorge Edwards. Parecen mariconcitos enojados en la adolescencia y nunca reconciliados. Su pluma se desparrama sin prisa ni pretensiones, con nostalgia de perdidos universos infantiles, con criticas livianitas a la patria trizada, mientras se bebe un café solitario en Barcelona. Deambula por ferias, elucubra, se encierra en su habitación, luego deambula por ferias, piensa, recuerda, comenta y se encierra en su habitación a sorbetear su solitaria pena. Germán Marín tiende a excusarse reiteradamente por la pobreza de su accionar literario. Su falsa modestia, es una especie de bula literaria exculpatoria utilizada a destajo por si se manda alguna cagadita. La cosa es que, a pesar de esto, el tipo escribe bien y es lo suficientemente culto, aunque recurre a la secuencia numerada para amortiguar la imposibilidad de exponer latamente un argumento. Es un digrecionista, un escritor que se encandila con numerosos temas, pero que los abandona casi en el acto para reemprender un nuevo rumbo. Lo bueno es que su novela Las cien águilas puede leerse desde cualquier lugar.


Roberto Ampuero escribe lo que sabe que quiere el público lector. O sea, una fracción adinerada del público lector de El Mercurio y La Tercera del domingo, que son los únicos que compran libros nuevos, aunque sea para adornar y ostentar en sus enormes estanterías. No escribe mal y su pluma es limpia. Pero lo he leído escasamente, así que no puedo seguir opinando sin caer en la exaltación banal o la mala intención.


De Gonzalo Contreras, dicen que anda de curaíto, que el trago se lo está comiendo, y que tras La Ciudad Anterior se le habrían acabado las buenas ideas.


Fuguet es suficientemente culto para comentar cualquier cosa, se percibe que hoy sabe de literatura, aunque aún no entiendo el alcance real de su obra primaria. ¿Era mala, era un juego de palabras, una gran ironía o yo soy el incapaz de comprenderla?


Rafael Gumucio sí que sabe qué es la buena literatura. Es el más capacitado para ejercer una crítica ecuánime a todo lo que se le presente, y más aún, se hace respetar con su pluma. Sorprende, eso si, su visceral subvaloración de la obra de Miguel Serrano.



Canasto

Lemebel, Rivera Letelier, Sepúlveda y la Eltit. Es muy fácil descubrir cuando son sus voces las que se pronuncian. Nos encontramos ante el mundo de lo accesorio, lo superfluo, el apogeo del adorno, la anécdota y el adjetivo, la coprolalia a mansalva y el vaginismo irresoluto.


Ciertamente que en ciertos niveles resultan entretenidos y hasta divertidos, niveles que evidentemente se agotan a las pocas hojeadas, agotan y saturan, se manosean, redundan y repiten como una empanada mal hecha. Además, todos estos escritores poseen valores agregados de acuerdo a lo que el lector no culto e imbuido en la doctrina de lo políticamente correcto, valora más allá de la construcción literaria propiamente tal. Uno es una loca exagerada, desatornillada, que fabrica oraciones desproporcionadas, barrocas y pantagruélicas, un maricón simpático, valiente en determinadas ocasiones para defender otras minorías y otros maricones. Tan pintorezco como el minero de chuzo y palilla, que vino haciendo olas de arena desde las salitreras. Original en un comienzo, esforzado, divertido, pero absolutamente insustancial en sus últimas obras. Cada frase la elabora a pedido, sabe lo que su público quiere de él y le sigue dando de lo mismo, más pan con mortadela que a estas alturas se ha puesto rancia y descolorida. Es demasiado visible su esfuerzo por seguir gustando, por responder editorialmente, lo imagino entre cerros de libros, enciclopedias y revistas buscando afanosamente una nueva fórmula, un nuevo fraseo, un nuevo chiste o palabra en desuso para condimentar cada nuevo esforzado párrafo. Me hace recordar el enorme esfuerzo y cansancio que denotaban las últimas obras de Luis Sepúlveda. Lo leía y pensaba en un coco seco, un tipo que sufría por no encontrar qué diablos decir para seguir entreteniendo y no tener que devolver el cheque que la editorial ya le había adelantado. Un tipo que metió un gol con la mano (El viejo que leía novelas de amor) y que luego solo se hizo autogoles de media cancha. De la señora Eltit ya he hablado y no tengo nada más que decir, más que su valor agregado es simplemente ser mujer, feminista e infulosa. Pertenece a una selecta minoría de mujeres que creen que escriben bien y a quienes nadie se atreve a decirles en la cara que escriben como el culo.


Todo esto lo digo con mucho respeto, por supuesto.



*Nuestro nuevo colaborador infiltrado