29 de marzo de 2008

Jornada con memoria


Realizada por los hijos del profesor Manuel Guerrero Ceballos, el sociólogo José Manuel Parada y el artista plásico Santiago Nattino, junto a jóvenes agrupados en Ciudad Elefante y Cultura en Movimiento. Los profesionales Parada, Guerrero y Nattino fueron secuestrados el 29 de marzo de 1985, por agentes del Estado en dictadura, hechos desaparecer, para luego ser encontrados degollados el 30 marzo en un camino rural frente al aeropuerto internacional de Santiago. Este crimen conmocionó al país y abrió la razón y el corazón a miles de personas para buscar caminos de unidad, creatividad y mayor esfuerzo para conquistar la democracia.
Nos juntaremos el sábado 29 de marzo, de 14:00 a 18:00 hrs., primero en la Plaza Brasil (Metro Ricardo Cumming), donde habrá una jornada artística para la familia, con actividades y stands para niños; música en vivo con los grupos Saiko, Akinetón Retard, Mauricio Redolés y Ruido Bustos, Rebeca Godoy, Tomás González, Banda Conmoción; poesía con Pedro Lemebel, y danza con el Grupo Espiral. Destacados animadores y actores, participarán en esta jornada por la memoria, como Francisco Reyes, Javiera Contador, Adela Secall, Jaime Davagnino, Ximena Rivas y Sergio Campos. Artistas plásticos nacionales donarán banderas blancas pintadas por ellos de múltiples colores y motivos, como José Balmes, Hernan Meschi, Mario Navarro, Rodrigo Salinas, Nicolas Grum, Voluspa Jarpa y muchos más.
El colectivo cultural El Nuevo Ejército de Chile realizará actividades infantiles, apoyados por el Taller Sol del Barrio Brasil, y múltiples organizaciones sociales convocadas por Cultura en Movimiento y el Movimiento Nueva Izquierda. Para quienes no puedan llegar o vivan fuera del país, podrán seguir las actividades a través de la transmisión en directo de Radio Tierra (1300 AM en el dial y www.radiotierra.com en Internet).
Posteriormente, a partir de las 19:00 hrs., se iniciará una jornada de conmemoración a los Manueles y don Santiago, en el ex frontis del Colegio Latinoamericano de Integración desde donde fueron secuestrados el 29 de marzo que culminará en unA Velatón (Av. Los Leones con El Vergel, a una cuadra de Eleodoro Yáñez, cerca del Metro Los Leones). Habrá un escenario montado en la calle, donde actuarán Federico Wolf, el coro del Colegio Latinocordillera junto a Luis Lebert, y se exhibirá un corto preparado por el cineasta chileno Sebastián Moreno en homenaje a los tres profesionales degollados. Además, se dará a conocer el proyecto de memorial y declaratoria de sitio histórico de aquel lugar.

Javiera Parada Ortiz, Eduardo Nattino Reyes, Manuel Guerrero Antequera.

Chinoy de-en San Antonio

Hoy sábado 29 desde las 14,00 horas.

Poéticas de la Libertad


I. Te aborto. Soy yo, enunciada de vieja muerte, ensuciada por los fantasmas cobardes aun anidados en mis pechos. Sollozos de leche agria de espesa espera, de vida eterna cuajada en el verbo estéril, ya no lo creo, me sabe a lo que un día murió en Él lamento. Yo, un pedazo grande cristalizado en los ojos. Los cierro. Aborto.
Como esperando algo, algo que de pronto florece y crece como asilo a este entuerto lastimoso que renace y crece

en ese otro vientre.

Soy yo, y te aborto

de este pecho castrado.

Me bebo mi propio sexo hasta embriagar la codicia de

llenar en un útero hueco

las cenizas de 2 cuerpos.

Como vieja muerte vestida de encajes tristes.

ya no cubro esta pena con la brisa salina que vuela cercana a mis tropiezos.

Camino y me alejo.

Hago tumba el silencio.

Hago crisálida este entierro.

Acá estoy

y ya no espero…


II. Como esperando algo, algo que de pronto florece y crece como asilo a este entuerto lastimoso que brota y rebrota espinando el tiempo, feneciendo y resucitando días insípidos clavados en el horizonte de estos labios estrechos, apretados, secos y sin todas las palabras que aun AUN acaban esta historia.

Como amamantando a un sino, un improvisto florecer así como un nuevo nombre abierto que pronuncio despacito y beso como respiro desesperado que me eleva por encima de la tierra muerta de aquellos nombres y esos hombres insistentemente profanadores de mis mas recónditos espacios y recovecos turbios de recuerdos y silencios pálidos. Esos que ahora muerden y mastican los pétalos de tu cuerpo bello, metido acá, acá dentro de mi boca, entremezclado con mi lengua y mi trazo y mis ojos y mi aliento dulce y nuevo.

Ya no es otro… otro que consume y se lleva consigo el sin fin eterno que rebosa mi cuerpo libido vestido de encajes tristes. Te aborto. Soy yo, enunciada de vieja muerte, ensuciada por los fantasmas cobardes aun anidados en nuestros pechos. Sollozos de leche agria de espera, de vida eterna cuajada en el verbo estéril, ya no lo creo, me sabe a… a lo que un día murió en el lamento. Yo, un pedazo grande cristalizado en los ojos. Los cierro. Aborto.

Como esperando algo, algo que de pronto florece y crece como asilo a este entuerto lastimoso que renace y crece en ese otro vientre.


28 de marzo de 2008

Crítica de Roberto Merino


Mellado
Diario de Lectura

Cada cierto tiempo soy absorbido por la escritura de Marcelo Mellado. Entiendo que ésta corresponde al destilado de una experiencia, una experiencia quizás deliberada, la que busca el escritor al fijar sus domicilios en ciudades de provincia o en localidades rurales de economías rústicas e infraestructura deficitaria. En estos lugares su primera iniciativa consiste en conectarse con el poder local, en sus irónicas palabras el power, que vendría a ser una parodia real de otros poderes, más centrales, más voluminosos y efectivos.

A raíz de esta especie de obsesión, Mellado sería lo más cercano a la figura del escritor como sacerdote de su oficio (que vio Borges en Flaubert), e incluso el que más ha acercado los conceptos del arte y de la vida. No hay bucolismo alguno en su visión, ni plañidez costumbrista. Más bien lo que hace es desplegar un instrumental de observación a través del cual las cosas aparecen con intolerable crudeza. Tal es el pathos humorístico de su narrativa. Sus personajes no tienen derecho a ninguna redención social: parecen condenados a replicar con sus vidas un modelo feble: el del pícaro.


La técnica de representación que usa Mellado es compleja. Los personajes hablan una lengua de supervivencia proyectada en las posibilidades que vislumbran en los rubros de la burocracia, de la cultura oficial y/o marginal (que son tan parecidas), y en las nuevas amalgamas ofrecidas por el Chile actual: el eco turismo poético y gastronómico, por ejemplo. En tanto, el lenguaje del narrador oscila entre la carta detallada, el informe y la "crítica cultural", heredero del estructuralismo, el postestructuralismo y otras jergas difíciles.

Disfruté mucho en su momento los relatos del libro El objetor, sobre todo aquel en el que el narrador describe en un análisis simbólico el despertar encañado de un cantante de boleros en su pieza de pensión. Y ese otro, "Lecciones de gasfitería general", en el cual la distancia amorosa va siendo dilatada por las consideraciones que el narrador hace sobre los problemas múltiples de una casa presumiblemente ñuñoína.


La poesía y el arte como posicionamiento desesperado de sus autores, configuran la bestia negra de Mellado, el objeto de sus imprecaciones y de su desprecio: las pequeñas y agotadoras triquiñuelas en que sus detentores se involucran para conseguir capital monetario y simbólico.


Hay algo importante, un efecto logran estos textos: que la vida tal como uno la intuye se desliza por debajo de un aparataje de palabras. Mellado no dice una cosa por otra, sino todas las que puede de una sola vez.


En su último libro -Ciudados de baja intensidad- tiene para mí dos momentos inolvidables: el relato "No ré a Madrid", una recusación del prurito de cierta juventud por ir a encontrar la medida de sí misma en las ciudades prestigiosas del mundo; y esa extensa complicación por medio de la cual el protagonista-narrador se vincula a un inspector municipal recalcitrante, con el ominoso temblor de fondo permanente de unos bulldozers o de unas motoniveladoras.



En: Diario El Mercurio, Revista Artes y Letras, domingo 23 de marzo de 2008.

Peleando a la contra



Imperdible al momento de hacer un mapa literario del vecino puerto, y por qué no decirlo, de toda la región, el sanantonino Roberto Bescós posee un abundante trabajo cultural, que se remonta a los tiempos duros de la historia chilena. Creador de la revista Trapisonda, una de las primeras publicaciones culturales chilenas, aparecidas en plena dictadura, y autor de potentes poemarios como “Encuentros más que cercanos” (1981), impreso- como dice la leyenda- casi con permiso de la CNI, “Artesanía en Duendes” (1989), “Entrañas” (1994), “Como la Savia” (2002); Matanoche (2002); Poética (2005) y Plus (2006); además del ensayo “Estudios en Pasado en Presente y Futuro” de 2000. En 1994, obtuvo el premio municipal de literatura de San Antonio. Y para este año se anuncia “Poética del Cilantro”, una antología.

Pero no se queda allí la biografía de este hombre, de hablar más bien bajo y pausado. Fundamentalmente, Bescós es un ciudadano-artista, cuyo rasgo es entrelazar vínculos y complicidades tácticas, desde su local de venta de artesanías y libros (varios de ellos, los propios), enclavado en pleno paseo costero Bellamar. Así, tal como anudan espineles y luchas sus vecinos pescadores de la caleta Puertecito.

-¿Dónde empieza la escritura de Roberto Bescós?

“Por citar un punto en el tiempo, puedo decir que hay motivaciones varias... Lecturas, gente que te rodea. Tuve en la casa un montón de libros, el bufete del abuelo, que fue un antiguo luchador anarquista, recién llegado a Chile, a principios de siglo XX. Y también fantasías... Cuentos que se relataban en casa por una abuela y mi padre que era un recitador. Entonces, se fue formando una atmósfera. Fui, además, hijo único. Y en la escuela, el liceo y en el Pedagógico, fui elaborando un sedimento que va a darme fuerza para canalizar esos fantasmas, ese aire sensorial. Empezamos a soñar... Pero también estuvo la vida, en general, que te arraiga dolores: La pérdida de los compañeros causó una cuestión peluda, pesada, y yo, de alguna manera, pertenezco a esa generación”.

- Hablabas de tu abuelo anarquista ¿Influyó algo más en tú poesía?

“ Sí. Por ejemplo, en “Cantos de Vigilia Apocalíptica”, que es un texto aún inédito, hay una frase donde se hallan obsesiones que me quedan como ácrata, claro que uno medio subterráneo, tal vez, como una actitud filosófica, una cosa anecdótica. Ahora bien, yo creo en el trabajo de las tribus. En este minuto, ya no se cree en derechas ni izquierdas si estamos hablando políticamente y, a la larga, habrá un rediseño y, tal vez, una estética anarquista de recambio. Pensemos filosóficamente en las estructuras: Podemos decir que ésa es la parada de la poesía en este minuto. El arte de la palabra o el ejercicio escritural, todo debe reestructurase a través del devenir”.

-¿Qué significó trabajar en plena dictadura y no rentar de ese discurso?

“Tal vez decir que pertenezco a una generación que se quedo en el aire y como un producto inmediato del rompimiento. La experiencia nació de una decisión de no irse del país, sino quedarse y cómo quedarse. Trabajar en dictadura fue apretar los dientes y hacer lo suyo en medio de la estampida, haciendo gallitos con ese engendro que llamaron apagón cultural , publiqué mi primer libro pidiendo permiso –poco menos- a la CNI y creamos la revista Trapisonda, un trabajo de coherencia intelectual y/o artística sin victimizarse pese al agobio facho. Puedo decir que por una maldita circunstancia histórica y por una cuestión de ir contra la corriente fui armándome en este bagaje. Hicimos teatro poblacional, trabajamos con títeres, vendimos libros usados para parar la olla e hicimos talleres literarios con jóvenes, en una verdadera detección de las raíces de la niñez. Esa idea la trabajé en el libro “Artesanía en duende”... Y aquí estamos, vivos, oxigenándonos con las utopías internas, mirando el mar, siempre al cateo, esperando la poesía a la vuelta del lápiz”.

-¿Quedan huellas de ese agobio dictatorial en San Antonio? ¿El regimiento Tejas Verdes es la escena territorial del horror?

“Es una tarea pendiente, porque significa la memoria histórica ligada a la actualidad. No estoy hablando de una actitud de andar buscando huesos. Tejas Verdes ha sido tomado con interés ideológico. La gran problemática de los campos de concentración de la dictadura fascista en Chile es la violencia, el horror y la muerte, una situación que nos tocó como alma nacional, como humanidad. Habría que invitar a varios análisis y reflexiones para lograr una síntesis a través del tiempo. Tenemos trabajo... Y no es tarde; pensemos en la bomba de Hiroshima o el franquismo en España. Al ir alejando la óptica a través del tiempo, vamos descubriendo más profundidad”.

-¿Hubo una influencia colectiva peor a la que conocemos?


“Sí, la visión pictórica que hay del paisaje que existe en San Antonio: Lo bucólico, la crónica, la croniquilla, la cosa sabrosa. Me acuerdo que años atrás leíamos en “El miedo a la libertad” de Erich Fromm, una frase que no entendíamos: “para entender el fascismo hay que vivirlo”. Bueno, para mirar el fascismo global que ha habido no podemos tomar una actitud tan aldeana”.

Del cilantro y otras yerbas

Si hay algo que caracteriza la escritura de Roberto Bescós es que pareciera ser hecha por un bolígrafo que medita y goza la letra. No es chiste. El poeta se manifiesta alejado de las nuevas tecnologías para componer su obra. Su carácter de artesano, sin patrón y acostumbrado a bregar contra la corriente le otorga bríos para agarrar el bic y ponerse a escribir y dibujar. “Un troglodita”, se hace llamar ... “Porque escribo con bolígrafo y voy gozando con la curva de la ‘o’ y la ‘a’ y el punto de la ‘i’. A mí no me vengan con historias, yo he trabajado como monje, toda la vida y no persigo esas soluciones escritúrales, no me suena. En esa dimensión uno como troglodita es más trágico”.

Troglodita o trágico, Bescós es un permanente interesado en el circuito de producción literaria local. Observador de los avatares de asociaciones de escritores, de la ausencia de bibliotecas públicas de calidad, de la falta de crítica especializada y la formación de los escritores. Pero, además, Roberto Bescós no se encuentra solitario en estas tierras costeras... Si le toca reconocer a su cercanos, no distingue edades: Desde la madurez de Miguel Ruiz, (“un heredero de Efraín Barquero”) y Roberto Humeres, a los más jóvenes como Hico Muñoz, Florencia Smiths y el Taller Buceo Táctico. Precisamente, de un trabajo en conjunto surgió la antología “Cilantro”, la nueva obra de Bescós, que aparecería en el segundo semestre de este año, gracias a un financiamiento estatal. El cilantro es el símbolo que va representando lo que es la seducción de los elementos que están ahí en el territorio; el cilantro es la representatividad del trabajo y si habría que tomar el olor a ésta obra, tendría ése, porque tiene que ver con las percepciones olfativas. Este trabajo tiene una conexión con lo lárico pero desde lo sensorial con la materia, no como pensaba Neruda, sino en otra dimensión que representa la atmósfera en sus distintas capas interiores como yo lo abordo en “Entrañas” (1994), la conexión con algo macro, no dios, y la memoria, esa presencia muy arraigada y fija, un recurso muy importante al menos como percepción inmediata de las materias, que a través de la poesía se puede resolver”.

- ¿Cuál, a su juicio, sería la forma de hacer cultura o contra-cultura para diferenciarse de lo establecido, lo institucional, o el mero “establishment culturoso”?

“Las políticas cultorosas significan, en cierto modo, las aguas para un mismo molino. Estamos recibiendo apoyos oficiales pero peligra la autonomía. Tiene que haber una autogestión pero pasa, además, por despolitizar el aparato oficial: No podemos estar trabajando con ciertas directrices que significan rigidez. A mí me parece que los elementos deben trabajarse en forma conjunta. No quiere decir que porque haya plata yo debo militar en el oficialismo”.


Texto y foto. Juan Carlos del Río.

Entrevista aparecida en Revista Ciudad Invisible, marzo 2008, Valparaíso.

El rescate de un inadvertido


Hay que considerar a Cilantro, la antología publicada recientemente por la editorial Economías de guerra, un necesario intento de hacer visible parte importante de un trabajo literario que abarca ya casi treinta años. No hay, según me parece, pérdida en el ejercicio de acercarse a libros con estas características, tanto más cuando el oficio poético parece realizado con intensidad y compromiso, y donde una gran cantidad de textos producen fuertes efectos estéticos con valerosas proposiciones poéticas y metapoéticas. Interpretaciones que pasan por la enunciación de un sujeto popular con algo de zen, aproximaciones a la atmósfera del lar, duros rasgos vanguardistas y experimentales, la resistencialidad cultural desde la provincia, la presencia de profundas huellas tajeadas por la dictadura, son lecturas posibles de realizarse y abarcan parte importante de esta suma parcial de la obra de Roberto Bescós, quien nacido en Santiago en 1952, ha publicado toda su obra desde San Antonio.

Uno de los aspectos que más llamaron mi atención es la permanente aunque algo velada reflexión sobre el oficio poético, que oscila siempre entre la conciencia de la pérdida de significación del papel del poeta y el “indómito intento de inmortalizarse” que se observa en ellos. Esto se explicita en muchos textos donde el hablante manifiesta la pérdida de “todo el derecho al devenir”, la aceptación de ser un “dios a mi pinta”, la posibilidad de “tanta elevación sin pena ni gloria/ que me hago analfabeto, o esquirla” y la voluntad de demostrar a sus “duendes” que “la profesión más fácil es la de pasar / inadvertido”. Todas estas propuestas que se hallan en Tiempo de Raíces de 1981, parecen mantenerse hasta el último de sus libros publicados, Plus de 2006, cuya definición se esboza al inicio del poemario, donde leemos que el texto se trata de “La Vulgar Relación de un Hombre de Oficio Irrelevante”. El hablante lírico entonces asume la problematización del hacer poético en nuestro tiempo, sin degradar realmente la autoridad del que asume la voz de la tribu, pero también alejándose de una automitificación megalómana y grandilocuente.

Esbozadas tímidamente en estos primeros libros, las experimentaciones formales se desatan en Matanoche (2000) con una ordenación arriesgada y sugestiva, que si bien da muestra de una fragmentación evidente, dan pie para sugerentes interpretaciones cuya hilvanación es preciso seguir cuidadosamente, pues aún cuando algunos de los poemas tienen título –manifestando así la autonomía de algunos de sus fragmentos- la numeración que los organiza propone una lectura global llena de sorpresas, donde podemos hallar un macrotexto, compuesto por varios otros textos y subtextos, algunos de los cuales podrían leerse autónomamente. Así por ejemplo, el texto 25 bajo el título Poros, contiene un subtexto numerado como 25.6 en el que se lee “el anciano monógamo/ recluso en el manicomio/ soñaba a que era yo/ i él se casaba con la joven”, que puede leerse tanto independientemente, como dentro de un texto global, que así mismo formaría parte de un macrotexto aún mayor que vendría siendo el poemario Matanoche que los reúne a todos.

Los logros estilísticos ya alcanzados dentro de los primeros libros, se exacerban a partir de aquí, encontrándonos con aportes más que notables en los poemas de la última etapa y que hasta antes de esta recopilación se encontraban inéditos. Así en Cantos de Vigilia Apocalíptica y Memorial de la noche, encontramos parte de las ya mencionadas propuestas formales y temáticas, que en sus primeros trabajos parecen encontrarse en estado larvario, desplegándose aquí desbocadamente, desarrollando con fuerza cierto misticismo material, imágenes sugestivas y chocantes, con altas dosis de un lenguaje coloquial que no cae en ramplona antipoesía, sino que mediante la fragmentación y el dislocamiento propicia poderosos efectos poéticos que permiten sostener la lectura y el interés a pesar de la relativamente amplia extensión de algunos de sus textos. Un botón de muestra del excelente poema “La octava oscuridad de la noche”: “un pájaro sabio se posa en la conciencia/ se ha quebrado la historia i en fragmentos se esparce en patios con fresias y retamos/ los demonios de turno orinaron a mansalva el rostro del viento/ juro por mi padre que siento a los desaparecidos helárseme en la sangre/ sigo tus desfallecimientos José Manuel País, como indagado por mí mismo/ qué eres ahora ay, José Manuel País…”.

Parece, a partir de todo lo visto, que esta compilación no puede sino llegar a nosotros como la encarnación de una suerte de fantasma que se paseaba ante nosotros haciendo gala de esta desconcertante capacidad de pasar inadvertido frente a nuestras narices.


CILANTRO, de Roberto Bescós.
Por Pedro Godoy
en: Revista Ciudad Invisible, Edición marzo 2008.

23 de marzo de 2008

III Encuentro de Arte y Ciudadanía


Elvira Hernández, Carlos Henrickson, moderador Luis Retamales, Ismael Gavilán, José Cuevas y Roberto Bescós.

Venta de libros, fanzines, música, etc. + Florencia Smiths + Roberto Bescós + Francisco Martínez

Elvira Hernández, José Angel Cuevas y Carlos Henrickson

Nos tomamos el sindicato T R I O M A R, el que agrupa a trabajadores jubilados del puerto de San Antonio (previa autorización de nuestro compañero don Rubén Meza) para este III Encuentro, al que llamamos Zona de Derrumbe, Obra en Construcción, haciendo alusión al trabajo poético y escritural como un área en constante caída y reconstrucción, o cómo dicho derrumbe va configurando el proceso de obra individual. Y la metáfora dio resultado.

Nuestros invitados, Elvira Hernández, José Ángel Cuevas, Ismael Gavilán y Carlos Henrickson -y por supuesto nuestro poeta local Roberto Bescós-, dieron cuenta de sus propias reflexiones y posturas respecto al tema, pero sobre todo supimos eso del hecho inaudito de escribir poesía, de una palabra proscrita mientras estaba en pleno desarollo un gobierno dictatorial, de una poesía de clase, de una ruina histórica, de ese fracaso que significa comenzar a escribir, más aún, de hacerlo en un Chile mutilado, cuerpo sin órganos vivos.

El tiempo se hizo corto y luego nos retiramos a leer nuestros trabajos a la famosa boite REGINE, ubicada en la calle más nocturna de San Antonio, no sin problemas de audio (como corresponde), y sin inconvenientes de sed. Había, en la boite, parroquianos regulares que atentos escucharon los textos irse entre las luces y algunos recuerdos sin fecha.

Moderó nuestro compañero Luis Retamales, en ambos potentes lugares de nuestro bello San Antonio, el día sábado 3 de noviembre de 2007.

*Señalamos que la realización de los encuentros fue un proyecto que presentamos a la municipalidad de San Antonio y gracias a eso pudimos financiar la invitación y los honorarios a los escritores y poetas invitados, esto lo decimos debido a la crítica fácil a la que a veces nos vemos sometidos por algunas imposturas que habitan el campo cultural. Además, señalamos enfáticamente que somos un taller de productividades y que funcionamos agrupados en torno al trabajo y no en base a intereses individuales de corte egocéntrico y/o patológico, y que nuestro intererés radica fundamentalmente en la producción de obra(s), no solamente escrita(s) o publicada(s), sino también de operaciones que contribuyan a un cambio del orden social territorial.

II Encuentro de Arte y Ciudadanía


Como SECH y Taller de Escrituras, invitamos a Gonzalo León y Mario Verdugo a una acalorada conversación sobre narrativa denominada "Objeto Territorial".
La conversación tuvo por objetivo presentar los puntos de vista de los invitados acerca de si existe una voluntad poética o narrativa, pensada/armada desde el territorio, en contraposición a cierto centralismo escritural o, en el caso de las editoriales, gestual, ya sea por razones geopolíticas o mero sentido común.

También quisimos instalar un punto de vista resistencial respecto de la ubicación de Editorial Economías de Guerra en San Antonio, la cuál estaba pronta a lanzar CILANTRO, en este marco de análisis y relatos sobre el territorio.

¿Quién define lo provinciano? ¿Es el regionalismo lo enfermo, lo atrasado, lo anacrónico? ¿Periferia v/s centro? ¿No está plagada acaso, toda la literatura chilena de aquello provinciano, marginal, minoritario? ¿Se puede, a una imagen, adjudicar un territorio? Una cosa es cierta: la literatura tiene que "hacer daño".

Y, aunque uno de nuestros invitados desertó, debido a sus obligaciones editoriales -Marcelo Novoa- tuvimos un conversatorio extenso y concurrido. Sucedió el día viernes 5 de octubre del 2007 y moderó nuestro compañero Marcelo Mellado.

18 de marzo de 2008

Yo y el Estado



Yo y el Estado hacemos lo nuestro en un lugar deslumbrante
una catástrofe
demasiado lenta,
pormenorizada
y camaleónica.

Yo y el Estado
trabajamos a los niños
los trabajamos

no trabajamos a las abuelas con la cara torcida
psicoseada
desconcertada
hemipléjica paridora de generaciones
lavandera bruta dale que dale sobre la espalda de la historia que es la espalda de la nada
no trabajamos tampoco la neblina fría y alcoholizada que avanza entre los pasajes que dejan las empalizadas de palos
los fogonazos azulados de los televisores en la quebrada hedionda y nativa
trabajamos a los niños no las garrapatas
trabajamos y no trabajamos mientras los pendejos apalean panales
descubren cadáveres en el cerro
y montan caballos estupefactos y raquíticos.


*


Yo y el Estado
Entablamos relaciones
Curiosamente personales
Con niños infractores del orden establecido

Somos los tíos de los cabros culiaos
Los adolescentes en riesgo

Terrible de VIVOS
Ay!
Los niños vulnerados

Angelitos endurecidos
De esa forma perversa
En que lo son las costras
Los goterones de savia
De los troncos heridos
Con cuchillas de monstruoso y siútico amor

yo y el Estado
nos damos cuenta eso sí
lo percibimos telúricamente
no somos extraterrestres
el Estado es raro, qué duda cabe
pero repito
nos damos cuenta

estamos con la mierda hasta el cuello

*


El Estado y los niños
son y no son lo mismo
una obscenidad por donde se la mire

Un desplazamiento fantástico y carnavalesco de sustancia humana
Un giro humorístico de lo peor
Por decir una brutalidad,
Por decir algo que se interne en la beatífica banalidad

El Estado y los niños
nutricionalmente hablando
Equivalen a una imperturbable caja de huevos

Pero los niños no han sido quebrados en interrogatorio alguno
Les han dado con todo
Pero no saben delatar
Ni siquiera a sus progenitores

¡Niño! ¡No se chupe los dedos caramba!



*



Que salga el mal

Que salga el mal

Que entre el bien

Como entró Jesús

A Jerusalén

Luego comenzaremos a bostezar y el mareo hará presa de nosotros
El niño no entenderá nada y tal vez se asuste
Tal vez no
La mano debe abarcar el cuerpo del angelito como un latigazo


*


Los niños cantan choros en la pichanga interminable




* Algunas partes de un todo denominado Yo y el Estado, de nuestro compañero Pablo Díaz, Valparaíso.

15 de marzo de 2008

Nerudiando a la mexicana



Por una movida táctica, que debiera tener consecuencias estratégicas, nos vamos a juntar en la casa de Neruda, en Isla Negra, con la poeta mexicana Claudia Posadas.
Esto sería el domingo 16 de marzo, a las 16 horas, en la casa verdadera del vate.
A leerle poesía entonces.

Buceando en Valpo.

Artículo publicado en la revista, marzo 2008.




Texto sitiado/situado

Mi trabajo de escritura se construye sobre investigaciones de campo (campo de citas, campo cultural, campo minado y campo rural), trabajando sin ortodoxia la noción de Bordieau y glosando libremente al maestro Foucault. A partir de esas indagaciones intento reconstruir las ficciones tribales de grupos que delimitan sus áreas de poder, usando diversas estrategias de ocupación. La ficción surge así como ejercicio crítico o como un acto de subversión contra la doxa y contra los actos de norma.
Es clave reconocer que como usuarios del relato nos movemos en distintos niveles o en varios relatos paralelos. La no conciencia de ese vértigo nos remite de inmediato a las patologías del discurso y a la crisis conductual. Esto es muy verificable en los conflictos político comunicacionales.
Una de esas ficciones sobre la que intento trabajar es el mismísimo Valparaíso culturoso, o aspectos del mismo -porque hay muchas áreas que ameritan un trabajo que va mucho más allá de lo que uno puede lanzar ahora-. Hace falta un mapeo que dé cuenta de los discursos que se disputan distintas hegemonías o de la ocupación de lugares o trazados de límite. Y que cruzan lo político, lo cultural y la barbarie social-comunicacional. Y no hay que pretender ser objetivos, sino algo pervertidos. Hace rato que ando tratando de que con Ciudad Invisible, alguien como Marco Chandía, Mario Verdugo, Luciano San Martín, Alberto Madrid, Bisama y otros, con unos plumones en mano y un gran pizarrón, dibujáramos la cartografía posible de esta “maldad” funcional u hoyo negro llamado Valparaíso.
Por lo pronto, una de mis ficciones preferidas es partir de la tesis de que Valparaíso, el patrimonial, no el endémico, es una estrategia político territorial, perversa y conspirativa, del progresismo concertacionista y que en su implementación puede terminar siendo un Transantiago 2, con múltiples consecuencias expansivas. Este emprendimiento de aroma laguista (recordar el factor Squella) reconoce varios momentos: el institucional, gubernamental, el político a secas, el patrimonial, el campo artístico y su particular hediondez, el urbano y la especulación inmobiliaria, el turístico, etc.
En este contexto debiera hacer una disquisición o digresión política importante que define cierta dinámica mafiosa característica: Valparaíso, a diferencia de San Antonio, es victimada por una hegemonía casi absoluta del concertacionismo (con sus variantes), y que incluso tiene diluida, no sólo en el ámbito de la cultura, a la izquierda extraparlamentaria.
Ojo, no haremos referencia, por ahora, a las zonas de poder controlados por la derecha económica aliada con los marinos, que excede el campo de la cultura (análisis que hay hacer).
En San Antonio, la concertación es un enemigo radical (corrupto y criminal), con el que no puede haber contacto; en cambio, en Valpo, la concerta es un grupo que aparece como progresista, exhibiendo conceptos y enarbolando banderas propias de la doxa de izquierda más radicalizada. Incluso, ciertas prácticas de las llamadas alternativas son promovidas por agentes concertacionistas. Tengo la sensación que muchas iniciativas –como el tema ex cárcel- son proyectos manipulados por esa corriente de perversión ideológica que continuó el proyecto de sociedad-país de la dictadura, y que pretenden la hegemonía territorial absoluta. Y gran parte del asistencialismo cultoroso y social tiene ese signo y participa de esas redes que montaron los operadores político culturales de la concertación.
Echo de menos en Valpo una izquierda genuina que sea capaz de resistir a la nueva derecha y, a su vez, promueva nuevos derroteros. Es como si la izquierda extra parlamentaria -que de paso ha hecho muy mal las tareas- se conformara, comprometiendo su dignidad, con ciertas migajas espaciales que estaría por recibir.

A mano alzada

El acto de histeria amaracada* de mis agresores en el consejo de la cultura, es un síntoma de ese voluntarismo culturoso y carente de análisis (y de imaginación), que es el que conviene al aistencialismo oficialista. Esos tristes amateristas de la palabra serán los primeros sacrificados de la debacle perro concertacionista (disculpar tono imprecador rockiano), que es la consecuencia inmediata del cambio de régimen que se avecina. Todo esto en términos más o menos simbólicos. La vieja derecha reemplaza a la nueva derecha. Los lameculistas que rentaron de lo más ordaca que produjo la maldita concertación van a quedar a la deriva. Y probablemente trabajen para el nuevo municipio de derecha o se reciclen en algún fundamentalismo o foquismo facineroso que querrá rentar de alguna movida resistencial, como en dictadura.
Ahora, a los otros niveles, los pequeños negocios culturales siguen funcionando. El orden cultural local se desgrana en una multiplicidad de movidas propiciadas por la nueva escena artística, ya sea por la gestión independiente o ligada al mundo académico. Reconocemos que a pesar del cuiquerío concertacionista culturoso que se toma algunos cerros y de los proyectos inmobiliarios que promueve este nuevo glamour con tintes abajistas y/o arribistas, hay intentos serios de profesionalización de las prácticas culturales.
En este punto podríamos decir que se instaló una especie de ciudadanía cultural artística o una clientela cultural que interlocuta directamente con el Estado. Aquí estamos ante un efecto de modernidad, sin duda. Esta relación se sigue construyendo y no está exenta de conflictos, y se puede decir que el campo artístico vive un periodo legitimador y expansivo, aunque la voluntad crítica suele despotenciar ese efecto o lo desvía hacía otras zonas o campos. Y a este respecto la razón municipal también interviene con protagonismo escénico y deseo político. Aquí el fenómeno de la municipalización de la cultura no tiene el mismo rendimiento que en otras partes del país, porque se neutraliza con el orden cultural más o menos explosivo de la zona.

Por otro lado y a mucha distancia, porque es su estilo, está la persistencia del negocio académico, estatal y privado (siguiendo los rigores de un mercado siniestro y maricón). Lo que sí impresiona es el poco impacto del discurso académico en la cultura y en la política local (recordar premio de literatura en que los concejales se habrían pasado por la raja un informe académico), para ser una ciudad universitaria. Quizás esto sea producto de la hegemonía patológica de las mafias políticas endémicas, sobre todo DCs. En todo caso la arrogancia académica, como registro de la improductividad textual-cultural no tiene solución y la academia seguirá siendo el lugar en donde no pasan cosas interesantes. Por ejemplo, hubo un seminario de literatura latinoamericana en la UCV que se veía muy potente, pero su impacto fue nulo en el campo local. Hay excepciones que no menciono por pudor.
Lo que sí aparece como un síntoma saludable es el surgimiento de ciertos giros pymes que están ligados a emprendimientos editoriales y de producción cultural, y al conecte con movidas discursivas que aparecen como muy potentes. Me refiero a las editoriales Altazor, Puerto de Escape, Fuga y La Cáfila (hoy Puerto Alegre), que llevan inscritas propuestas textuales muy definidas. Son prácticas independientes/autónomas que postulan proyectos específicos de obras o que promueven nichos literarios. Es el caso de Puerto de Escape con el género de la ciencia ficción; Altazor con una propuesta finísima de diseño y voluntad de instalación de una lírica regional identitaria; Fuga, con una propuesta generacional muy bien urdida, aunque el título de la antología, “El mapa no es el territorio”, es bastante discutible porque tiende a negar una estrategia poética de desmontaje -crítico borgeana- fundamental (es una voluntad de trazado y de ocupación ficcional de los lugares). El adverbio “no” podría haber sido tachado o puesto en duda al menos.
Lo que sí me parece fundamental es que la editorial pone en la mesa un tema político crucial, la cultura como neutralización del conflicto social (y ese es un tema mayor en la zona). Y esto contrasta, por ejemplo, con algunas pymes culturales que exhiben la arrogancia del parcelero etnocentrista, que es provincianamente cosmopolita. De ahí que los adjetivos “fuga” y “…escape” aluden a esa fobia y toma de distancia con una locación que no es grata. La Cáfila (o Puerto Alegre), por su parte, con una larga tradición editorial, ha derivado de su primitiva opción under blanda, en una propuesta mucho más precisa y jugada, reivindicando los mitos discutibles de la tradición bohemio amalditada, identificada con el voluntarismo vanguardista. Esto aparece hoy día mucho más certero en su propuesta, apostando a la complicadísima prosa narrativa, siempre carente de modelos y puntos de vista coherentes y sólidos (con fallas de matricería, como diría un amigo).

Lo otro
El no lugar que uno ocupa en esta zona perversa/pervertida quizás nos permita esa toma de distancia con que podemos nombrar al territorio otro, al Otro como amenaza. En un seminario sobre la ira que estamos preparando con unos profes del Arcis, pensamos tematizar este objeto cultural que hemos llamado Valparaíso, en términos de desmontaje mítico y de luchas territoriales entre los poderes fácticos maraco-concertacionistas y otros (como perro-concertacionistas, cerdo-concertacionistas, etc. u otras zoologías políticamente determinadas). Insisto en pedir disculpas por el tono rockiano de las imprecaciones.
Uno de los mitos que hay que combatir con fuerza, por ser profundamente reaccionario al constituirse en un filtro neutralizador de la subversividad crítica de la producción de arte, es la tristemente célebre bohemia. La única bohemia porteña válida -carente de pretensión cultural- que yo recuerdo es la de El Gordito de la Noche, que era una especie de compañía de revistas; donde se exhibían comedias picantes como “Lo saco y van siete” (en esa época estaba de moda la película Sacco y Vansetti) o “Lucía lo ve, pero no se asombra” (basada en una teleserie lacrimosa que se llamaba “Lucía Sombra”). Y por cierto la endémica prostibularia o estrictamnte etílica juerguera, que sigue otros derroteros.

Hay otras zonas del campo artístico local que no estamos en condiciones de analizar en profundidad, al menos por ahora. Es el caso de las artes plásticas, con un desarrollo potente y con un eje académico mucho más armado y jugado que el área literaria, por ejemplo. Hay un desarrollo galerístico y de movidas independientes que están efectivamente problematizando las condiciones de emergencia de la producción de obra y su circulación. Es el caso de Crac, Espacio G, la Escuela de Arte del Arcis, y otros.
En el caso de las artes escénicas también verificamos una profunda voluntad de trabajo creador, pero son zonas que deben ser más analizadas a nivel de investigación e informes que están en proceso. Y en este contexto, la magnitud de los objetos nos supera.





*Con la noción de histeria amaracada me refiero a la escena escandalosa con que el relato machista califica la conversión histérica de las putas o travestis, y que aquí se usa en tono de parodia descriptiva, pero que aún así tendría rendimiento conceptual.

Crítica Mercurio




Crítica al libro de nuestro compañero Mellado, por Rodrigo Pinto.

8 de marzo de 2008

Militante



Uno de nuestros compañeros que publicó un libro no hace mucho, y que está en misión especial en Valparaíso, pero que se reporta permanentemente a entregarnos informes, ha sido validado por la crítica en los medios nacionales.

Se trata del escritor Marcelo Mellado con su último libro "Ciudadanos de baja intensidad".

Aquí va el último de los comentarios críticos aparecido en Revista Caras, febrero 2008.


2 de marzo de 2008

Del Trabajo



El taller Buceo Táctico surge el 2005 en la CUT provincial de San Antonio, como parte de un acto de retribución que debía hacer el escritor Marcelo Mellado por un proyecto del fondo del libro. Con el tiempo el taller toma vuelo propio y además del trabajo escritural que desarrolla comienza a trabajar reflexiva y activamente en temas de cultura, ciudadanía y territorio, como un nuevo derrotero de las prácticas artísticas, culturales y políticas. Suponemos que el trabajo de arte puede generar cambios en el orden social por tener esa capacidad de internarse críticamente en las zonas regidas por la subjetividad (intersubjetividad), dimensión que la racionalidad tradicional no siempre tiene en cuenta a la hora de organizar el mundo.

El fin de los llamados grandes relatos significa para nosotros una oportunidad de recuperar las pequeñas historias que nos abren nuevas posibilidades textuales. Enfrentar, por ejemplo, la crisis de habitabilidad del planeta y los conflictos de una sociedad atomizada, estructurada en guetos y con amplios sectores sometidos a una brutal violencia simbólica y material.

En este contexto, decididamente sanantonino y provincial, desarrolla su trabajo el Taller Buceo Táctico, el que cuenta con una cantidad precisa de buzos tácticos y otra más diluida de colaboradores y agentes encubiertos en la región y en el país, aunque no menos comprometidos. No está de más decir que combatimos con fuerza el hegemonismo metropolitano en la región, representado por Valparaíso o, para ser más exactos, por los poderes fácticos que se disputan el “control” de la región y que tienen sede en la capital regional (aunque la regencia general sigue en Santiago).

Tenemos plena conciencia de que el viejo tema del poder goza de buena salud y, más aún, se ha diversificado y complejizado sus modos y ejercicios.

Por ahora nuestro trabajo ha consistido en consolidar nuestras operaciones culturales y los proyectos particulares de sus miembros que irán apareciendo en este soporte. En esa misma línea de trabajo hemos generado productividades como la editorial Economías de Guerra, los Encuentros de Arte y Ciudadanía (que se efectuaron entre septiembre y octubre), contribuir a la reorganización de la comunidad de escritores y artistas locales, y un trabajo tributo a la colonia tolstoiana que está en preparación en una zona rural de la provincia, y que es un guiño a las relaciones entre arte y tecnología.

Se nos viene un año duro a nivel de luchas y combates, y ténganlo por seguro que las trincheras que cavemos no van a ser nuestras tumbas, sino la cimentación (y toma de posesión) de un nuevo territorio.