25 de febrero de 2008

La Señora



Lo habías pensado mucho antes de decidirte. Las cosas se piensan bien antes de hacerlas porque el arrepentimiento de nada sirve, bien lo sabias tú que dejaste a tu prometido esperando en el registro civil debido a que decidiste a última hora que él tenía que ser libre, dado que no era para estar casado a la fuerza y tú sabías que el matrimonio duraría muy poco. Lo amabas, es cierto, pero qué se le iba a hacer.

Tu madre, esa santa señora, no soportaba que te quedaras soltera. En su lecho de enferma te rogaba que te casaras y tú tan díscola como tu padre le dijiste que jamás. Siempre creíste que por esa razón la muerte de ella aconteció más rápido de lo esperado. El caso es que te quedaste soltera y a tu cuidado quedó tu hermana pequeña, que empezó a ser como una hija para ti, con todo lo que eso significaba, con la casi hipoteca de tu juventud, de las salidas, la diversión y cualquier otro pretendiente que se acercara a tu puerta. Toda tu vida consistía en atenciones para tu hermana, nada más que eso y no reclamabas porque te correspondía, era tu deber hacerlo.

Pero de un tiempo a esta parte te has estado sintiendo muy sola, la comedia de la televisión, en la tarde, no alcanza a aliviar tu soledad, ni siquiera tus rezos te confortan como antes. En las noches frías de invierno te pones a pensar sobre qué habría sido de ti si hubieras ido al registro civil a casarte, tal vez hubieras sido una dama hogareña como tu santa madre o quizás hubieses trabajado con tu marido para juntar dinero y así tener varios niños, que es lo que más quisieras, pero no, mejor te dejas de soñar despierta, los hombres jamás piensan en esas cosas como nosotras las mujeres, sólo quieren una cosa y en eso son todos iguales, con mucha razón tu madre te decía que los hombres son puro instinto y que había que llevarlos cortitos o si no te podían destruir la vida.

Tu madre sabía bien de aquello, tú misma sorprendiste a tu padre con la empleada, cuando aún ella yacía postrada y enferma en la otra habitación. No señor, en los hombres no se puede confiar y tú le demostrarías a tu hermana lo equivocada que estaba. Esa cabra loca, había salido de moral livianita, por decirlo de alguna manera, igual que tu padre. Rebelde como estaba no pensaba en nada y tú, déle que déle insistiendo en que tuviese cuidado, que no ande sola de noche, que te llame avisando donde está y que por favor llegue temprano, pero era inútil, para colmo los fines de semana era peor, se traía al pololo para la casa y tú tenías que armarle una cama en la salita de costura que estaba al lado de tu dormitorio y te juramentabas no dormirte para que nada sucediera, pero el sueño te vencía y cuando despertabas al otro día, el pololo ya se había ido.

Era día viernes y de seguro que hoy lo traería, así es que te preparaste toda la tarde, dormiste una larga siesta para no tener sueño en la noche y después te diste un buen baño de tina, te pusiste tu ropa interior nueva, esa que venía en el catálogo que te mostró tu vecina y que tanto te gustaba, tu hermana te había descubierto justo cuando te la estaban mostrando y se rió de ti, se rió descaradamente, burlesca y despreciativa, como si tú no fueras mujer, se rió de tus cuarentayseis y soltera todavía, se rió por no haber conocido hombre alguno en tu vida y porque comprabas ropa interior sexy sin tener a nadie a quien mostrársela. Qué se había creído, ahora tú le enseñarías lo que es el respeto, después de todo tú la criaste, ya que tú padre se marchó al tiempo después de morir tu santa madre. Tú la criaste y así te pagaba, pero bueno, el caso es que la hora había llegado. Estabas despierta en la cama oyendo cómo se acostaba el pololo de ella en la salita de costura, continuo a tu dormitorio. El de ella estaba al final del mismo pasillo que comunicaba con las tres habitaciones. Te levantaste sin camisa de dormir y abriste la puerta, al pasar frente al espejo del pasillo te miraste de reojo y sonreíste al pensar que tus carnes aún estaban firmes, diste dos pasos más y te apoyaste en la puerta de la salita de costura. La respiración profunda que venía del otro lado era señal inequívoca de que estaba profundamente dormido, no sentiste temor, ya que te habías dado cuenta cómo te miraba y de seguro que te aceptaba, pero seguiste por el pasillo, entraste al dormitorio de tu hermana que estaba durmiendo medio desnuda, empuñaste con fuerza el cuchillo en tu mano derecha y lo hundiste hasta la empuñadura en el corazón de la maldita. Ella despertó, abrió los ojos sorprendida y miró cómo sus pechos se teñían de sangre, luego expiró sin quejido alguno. Limpiaste bien el mango del cuchillo, pero lo dejaste allí, clavado en el pecho de la puta, luego te dirigiste hacia donde dormía el pololo, te miraste otra vez en el espejo del pasillo y volviste a sonreír, estabas muy bella y sabías que no te rechazaría, después de todo era hombre y esos son todos iguales, puro instinto. Luego de estar con él te rasgarías la ropa interior y te irías al teléfono que estaba en la salita de estar, sollozando, llamarías a la comisaría que estaba a dos cuadras de tu casa, les dirías que el tipo se había vuelto loco, que la había matado y que además había abusado de ti, los carabineros del retén te conocían muy bien y de seguro lo creerían, después de todo tú eras una santa señora, igual que tu madre.


Narrativa de Gabriel Prach

Territorial, por Juan Carlos del Río


Territorial
(a modo de ejercicio)

Ya no basta el testimonio
quieren examinar el horror
abrir los ojos como recién nacido
ver si el procedimiento,
estuvo a la altura del Estado
si los catres en realidad
fueron conductores de corriente,
y por ahí pasó no sólo la lucha y el odio,
también el sueño íntimo del territorio estival,
donde se acurrucó el deseo
debajo de los quitasoles
en ese pedazo de playa contaminada,
que hoy vemos desde lo lejos
y sobre la línea rasa del mar
flotar esqueletos de poliuretano
y la garúa sangrienta sobre un barrio
marcado por la lesión enorme en el cuerpo.
Sé que en la habitación hubo cuadros
o trataron de pintar
como los impresionistas a oscuras
y al flagelo lo hacían a un lado del pincel
de la luz de la ventana
y en los visillos quedaban las sombras
de un teatro chino

Ya no basta el testimonio
quieren la posición fetal de los cuerpos
la expresión deformada de las proporciones davincianas
para que entren a este circulo continuo
donde la paz es geométrica
y escribimos la historia con la mano empuñada
y no con la figuralidad de las cosas
que absorben con las pupilas llenas de sangre

Ya no basta el testimonio
quieren ver el rictus de quién accionó
para simular la sonoridad de la risa
que salió de aquellos labios
y así evocar el horror que se reitera en los gestos
de quiénes también apagaron la luz
y se fueron a descansar, como si nada


Ya no basta el testimonio
quieren los extremos de las palabras
nobleza y maldad
y la saliva que en ambas ocasiones se traga
para cumplir con honor el deber,
puede que la espuma nos diga más que algo,
y tengamos que separar la repugnancia


Ya no basta el testimonio
queremos el vómito en la letrina
puede que aún haya letras
que se puedan juntar
como en el silabario de la sopa
y así aprender a leer la sobremesa
la forma generalizada de la historia
que se hace carne y cuerpo,
por eso violentamos
el ejercicio y el método de la violencia,
del campo de batalla de UNO mismo
puede que todavía quede simulada la posición
con que se hace el trabajo sucio

Ya no basta el testimonio
aunque el vecindario aún enmudece y se saludan
para ver el labio sellado de esta fértil provincia
y el esqueleto radiografiado en el cielo,
debemos poner en duda
la lectura médica con el sol de fondo

Ya no basta el testimonio
quieren el teléfono descolgado
puede que algún tipo de voz aún
nos quiera relatar el suceso a la galera,
pero se hace tan obvia la reflexión
que el mejor texto, es ese que asfixia,
y prueba su escritura

Ya no basta el testimonio
la reiteración continua de la lengua
el copuchenterío de la memoria
que se mira al espejo,
y desde ese destello reclaman la sombra
de lo que pudieron informar
¿hasta donde resiste la lengua?
igual hablamos desde el fracaso.
Ya no basta el testimonio
quiero la silla en la cuál fueron sentados
para ver si la duda cojeaba de alguna pata
si la paralización del cuerpo, tendido en el suelo
tuvo sobresaltos
como un epiléptico que vuelve a la vida




*Texto escrito a modo de ejercicio a propósito de los hechos ocurridos durante la dictadura militar en el Campo de Concentración Nº1, Tejas Verdes, San Antonio.

**Fotografías tomadas del sitio http://www.memoriaviva.com/centros/05Region/tejas_verdes.htm

23 de febrero de 2008

Chinoy, el cantor del borde costero


La nueva escena cultural sanantonina

Chinoy, como muchos de nosotros, debió emigrar de San Antonio por las eufemísticas faltas de expectativas, y se instaló en Valpo; y a pesar de que este puerto de mierda es una ciudad de Otros, hemos podido (él y nosotros)­­,­ de a poco, hacernos un hueco o lugarcito elemental desde donde producir lo nuestro.

Chinoy (Mauricio Castillo) nace en San Antonio el 82 y ha padecido las bendiciones y horrores de una ciudad-puerto marcada por la precariedad. Le dicen Chinoy, porque tiene rasgos orientales, como una buena cantidad de chilenos con ojos rasgados que reciben ese epíteto. Y la “y” es para diferenciarse de los otros “chinos”, me imagino. Forma parte de una larga tradición de músicos populares sanantoninos, oriundo de los cerros de Placilla, en la zona alta del puerto primero, que irrumpe en este puerto segundo (Valpo) con su voz aguda, rara, casi pitilluda, de barricada noctámbula y/o de líricas barriales, aunque él encuentra que su voz es como “de insecto”, alejada del facilismo panqueta y del tarreo obvio que no le hace daño a nadie. Es un trabajador incansable y sobreviviente de una ciudad abandonada y despreciada por el Estado chileno y victimado, como casi todos los pendejos de la zona, por una educación uniformada y castradora, incapaz de reconocer la diversidad de los sujetos, y obsesionada por la psu y el simce.

Chinoy es también una estrategia de posicionamiento cultural y político de una nueva escena de artistas, denominados territoriales, muy alejados del centralismo pestilente del Chile oficial y que se plantea orgánicamente, pero sin delirio militante. Las letras de sus canciones están construidas de materiales e imágenes muy puras y atmosféricas, de un cotidiano reconocible y diáfano, que reconstituye escenas de la vida provinciana y con versos de una figuralidad lúdica, nostálgica y renovadora del ánimo, es decir, muy alejados de la endemia nihilista o de la imaginería de la deconstrucción.

Locaciones y seguridad
A Chinoy lo conocí haciendo clases; yo estaba en la sala del primero medio A, nocturno, en el Centro de Estudios Alonso de Ercilla de San Antonio, como a las 22 horas, y tocan a la puerta, era el mismísimo Chinoy que había leído un artículo mío sobre músicos locales y yo no lo había mencionado, por lo tanto venía a cantarme sus temas, como respuesta o ajuste de cuentas. Y efectivamente así fue; era un día especial en que se daban las condiciones para que ello ocurriera y previa consulta a mis alumnos, Chinoy hizo un concierto en una sala de clases para una veintena de alumnos, casi todos mayores que él. Gran momento sin duda, por eso yo amo San Antonio, porque me dio la oportunidad de disfrutar de cosas extraordinarias a nivel cotidiano, sin ser Macondo ni mucho menos (o todo lo contrario).

Y ahora soy yo –aquí en Valpo- el que debe ir a verlo a su lugar de trabajo, en el bar Mi Casa, en el Pajarito, en el Chinaski y otros, y que le exige algunas cosas o le da explicaciones.
Es entretenido y emocionante ver a un paisano, validado y reverenciado por los estudiantes y los cabros de la cultura que, no sólo conocen sus temas y los solicitan, sino que, además, los tararean. Y escucharlo, también, en las radios comunitarias y en actos masivos, como en el homenaje a Violeta Parra. Muchos de los sanantoninos que acá estamos -preparando el fin catastrófico de Valpo-, lo cuidamos y lo asistimos para que no lo manipulen los porteños metropolitanizantes ni el cuiquerío patrimonializador concertacionista, que aquí campea. Por eso es que es permanentemente protegido y flanqueado por agentes operativos del taller Buceo Táctico, filial Valpo.

Las tareas
Estuvimos el otro día tomándonos unas chelas en el “Moneda de Oro” y conversando de esto y lo otro, y aprovechando de componer algunos temas en conjunto. Incluso es probable que hagamos un taller de escritura y composición para pendejos. Algo de regencia paternal tengo con él, incluso es posible que él esté condenado a hacer el Edipo conmigo, es decir, mandarme a la chucha y odiarme un poco, porque él tiene algo de huachito y somos del mismo pueblo.
“Hay que ganarle al encierro”, me dice. Y siento que de ahí nacen sus temas, de nuestra bahía rodeada de cerros-dunas y delimitada por unos esteros y quebradas que la seudo modernidad intenta ocultar con fatigado cemento. Y en ese “hacer la guerra en tiempos de paz”, refiriéndose al control brutal que ejerce el poder contra las zonas pauperizadas, surge su testimonio de artesano del canto, de lápiz y papel, y guitarra de palo, sin la ansiedad de enchufarse para sonar de miedo.
Alguien acá acuñó la expresión folkpunk para referirse a su obra. Yo prefiero decir que Chinoy es una de las producciones más genuinas de la nueva escena cultural de la V Región, un músico joven que sabe cuál es su matriz y no desconoce ni a los Rosamel Araya ni a los Popín de América, aunque él venga del punk barrial -formó parte del grupo sanatonino los Don Nadie-.

Poética-profética
En Chinoy sentimos la calle, la brisa del mar, la playa madrugadora, la caminata por el monte y los túneles del antiguo tren y las pozas de Llo-Lleo. Y también podemos ver el vuelo de “los pájaros mecánicos” y sentir “las venas eléctricas” de Altazor y del Ciudadano del Olvido de Huidobro, que eran sus lecturas cotidianas. El niño vago con la guitarra al hombro, quizás pateando piedras, durmiendo en los cerros para perderle el miedo a la oscuridad, tomando choca con los tránsfugas o probando iniquidades con los compadres.
“Los temas tienen algo de profecía, como que uno se transforma en lo que canta”, me comenta. Concluimos que la vida es frágil y que al componer cualquier palabra es clave o es contenedora del secreto de los secretos. “No, no, no, corazón,/ pedazo de mi vida sin control”, resuena en el bar, porque Chinoy ya ha comenzado a actuar. Y releo el texto de un tema –“Valpolohizo” (todo junto)- que me acaba de anotar en mi libretita de apuntes: “…pan duro en castillo, fantasma de onda radial/ noche con pestillo/ humo que saca a volar/ palabra de grillo, princesa de ventanal.”
Chinoy habita ambos puertos y muchos más, y ha hecho de la precariedad una poética y una ética que funciona como llave de rediseño del mundo. Y finalmente, como dice en una de sus canciones: “lo que digo no es mío, me lo pueden quitar”; fiel a la utopía transparencial de “no empañemos el agua”, imágenes que nos debiera salvar de la catástrofe, siempre y cuando “…el frío no arrugue los ojos en el papel”.

Marcelo Mellado
En: The Clinic, 2007.

19 de febrero de 2008

Identidad Local

Comisión Bicentenario
Revisitando Chile: identidades, mitos e historias
Valparaíso, 19 y 20 de diciembre de 2002

Roberto Bescós,
poeta (San Antonio)

Este asunto de la identidad, cuando hablamos de ella, a mí se me hace un enredo, porque empiezo a preguntarme de qué estamos hablando. Cuando veo a mi lado, yo vengo de San Antonio, y me encuentro con algo, por decirlo en forma suave, es algo que está muy fuera del tiesto. Porque hablar de la identidad en un lugar que está entre Valparaíso y Santiago, como perdido en el tiempo y en el espacio.

Bueno, yo hice una nota aquí, digo, partiendo por las vías referenciales que se solicitan las experiencias de vida de los naturales de cada rincón de las regiones, le otorga a esta cita el toque de cómo quien viene a ofertar el mosto de sus viñas, los dulces de su pueblo, la artesanía de su gente. A propósito, he traído conmigo algunas notas con tendencia a la reflexión, basándome en alguna medida, en un texto propio, publicado aquí en mi caleta, o el primer puerto del país, el año 2000, denominado “Estudios en pasado, presente y en futuro”. No me creo ni yo mismo de eso...

Esto obedece a que creo que este trabajo de museo local responde, relativamente, a las interrogantes formuladas en el proceso en el cual participamos del Bicentenario, encaminadas, dichas preguntas, a revisitar Chile, a este acierto de recompendiar lo que somos, como lo hiciera antaño el tragumo.

Yo me recordaba lo que hizo Nicomedes Guzmán, en un libro que él denominó “Autorretrato de Chile”, por citar a alguien, imbuido, entre muchos, en indagaciones y reelaboraciones de este tejido nacional tan difícil que nos cuesta crear, rescatar de algo, de una serie de mentiras, de cosas que parece que están fuera de estos estudios que se hacen, a veces a espaldas de las realidades, entre cuatro paredes, por funcionarios que parece que viven en el país de jauja.

Ahora, domiciliándome, esta visión, y tal como sucede en kilómetros de litoral, el puerto provincia de San Antonio respira por la orilla, vive, sobrevive, pervive, saltándonos una información no exactamente interesante para la ocasión, aunque no de más, subrayamos la importancia de un río, del Río Maipo. ¿Qué tiene que ver un río? Tampoco lo tengo muy claro, pero veo que hay algo ahí. Aquí en esta área central de Chile se está componiendo un fenómeno, esto a contrapelo, a contrasentido de la pobreza extrema, de lo que llaman “identidad local o nacional”, pero hay algo ahí que surge y que hemos dado en llamar “cultura”, o como quieran ustedes llamarla, “la cultura de la cuenca del Maipo”. Ahí hay alguien que se está, hay algo ahí en medio de todo lo que he señalado. Disculpando, por lo mismo, el inminente eufemismo que estamos utilizando.

Barajando el concepto que es como un zoom a la distancia, hacemos ubicable un hito en la loca geografía, respondiendo por ahora a presencia de identidad, la que se construye en diversos bolsones de la provincia, potenciación paulatina, dolorosa, accidentada, debido a notables carencias de la zona y contrasentido, contradicciones muy arraigadas en el factor chilenidad, o país, en definitiva.

Bueno, aquí, porque todo tiene una historia, aunque sea pobre o mezquina, existen, no me voy a poner como historiógrafo, no soy ni conferenciante siquiera, existen antecedentes arqueológicos, como ya dije, pobres. Nuestros investigadores han raspado la memoria del cacharro de greda. Se sabe de un habitante precolombino y se trata de la relación primitiva de cultura Aconcagua, cultura Baco, cultura Llolleo.
En tiempos de la conquista ocurrió en esta zona lo que sucedió en todas las colonias de la corona. Nuestra zona, en las cartas geográficas, figuraba como el puerto viejo, el puerto de las bodegas. Bueno, estamos haciendo nueva historia, pero estamos buscando qué pasa, en los antecedentes del colectivo, de la memoria colectiva, cuáles son nuestros orígenes, para percibir una personalidad, un sello.

Ahora, este terreno era propiedad, como toda la historia de Chile, tan mentida, de propiedad de los ancestros, en primer lugar. Después pasó a los soldados de grado, a los curas, de los curas a la familia oligárquica y de los oligárquicos se lo han ido repartiendo, y ahora hay un loteo, hasta los muertos, no se salva nadie.

Bueno, las playas ahora están cerradas, y nos están cerrando al mar. Hace un tiempo atrás en Isla Negra se levantó estos enormes edificios, no sé cómo se llaman, grandes, inmensos, como de 20 metros, y tapó el mar, o sea, tapó la visión, más bien, del mar. Tocaron el pito todos los amantes de Isla Negra, todos los amantes del lugar donde está Neruda, pero, más puede el poder de las grandes empresas. En este mundo que se habla de identidad local, de identidad nacional. Hay un país que está viendo cómo sus islas, sus lugares de playa, sus mares, sus puertos, con referente a las playas, están siendo cerrados, y alguien es dueño de eso, en un momento, se hace dueño de eso, y los chilenos nos estamos corriendo para Bolivia, parece, mientras vienen los...

Yo vengo de San Antonio, he repetido, en estos momentos hay una gran lucha en el ambiente marítimo, es una tensión local, y el factor cultural respira por ahí, por esa herida. Por ahí es necesario destacar aquello. El paso lento del siglo XX nos dejó grabados, por lo tanto, en el ambiente, como estas películas chilenas en sepia, el sabor de pueblo chico. La acuarela aquí no alcanza a tapar paisajes, con costumbres o gente que estén premunidas de la magia de aquellas comarcas de fuertes fulgores.

Volviendo a citar mi libro de estudio, vuelvo a señalar la extrema pobreza, por este sello característico. La secuencia geográfica sale a la suerte de Dios, y es lo que vio Subercaseaux en su larga caminata.

Yo no encuentro identidad, esa cosa tan innata, esa borra de tiempo. Lo que hay es lo que se desprende de las costumbres del patrimonio, de la tradición consuetudinaria de quizás qué siglos de origen, transformada en una débil tela, así como por la inercia, que esa piel que los pueblos demasiado jóvenes aún adaptan y adoptan.

Entonces, no confundir esto con lo que es identidad. Es decir, no sé si ha debido ser claro. San Antonio carece de una personalidad. Eso hace sólo unos lustros atrás. El factor identidad se establece, respira, pienso, cuando yo, individuo, asumo, me hago consciente, me veo con mística de lugar, de lar, y soy capaz de buscar con la gente, que es mi par, enfrentar, de alguna manera, estas potencias económicas del momento, neoliberales, que están decididamente a contrariar lo que podría haber sido el sentido exacto de la historia.

En esto de ver el lugar del lar, yo anoté, algo en este libro, que tiene que ver un poco, en cuanto al origen o identidad. Este es el tema: la población de San Antonio ha ido formándose de inmigrantes procedentes de la capital, de otras ciudades de la región y campesinos del interior, a gran escala, en distintas épocas, por oleadas y razones diversas, ubicándonos en el siglo XX encaminado en medio de la crisis del salitre del norte chileno, de las guerras mundiales y del Premio Nóbel de Gabriela, observamos un flujo rural que se allega a la costa, revirtiendo su formación agraria al iniciarse en labores de la pesca, labores del puerto y una masa numerosa en trabajos de la municipalidad, objetivamente en función de recolección de la basura, ya cuestiones de aseo y ornamentación de plazas, jardines y avenidas.

A su vez, el sector de clase media, o también de clase media con airecillos de alta, ha tomado cuerpo con antiguas familias adineradas por sus negocios y mercaderes de ascendencia española, árabe, judía. En una palabra, el comercio que hay de reconocer como uno de los pilares del desarrollo de la comuna. Es un rubro que sin manejar fortunas fuertes han edificado la elite, algo así como la oligarquía local, un grupo pequeño, y que se agrega, además, y aquí viene el chiste, los malls, los nuevos bancos, los nuevos lugares, grandes farmacias, y los grandes consorcios de comercio.

Entonces, la reflexión para la identidad local, es un tema muy complejo de poder visualizar en una sola palabra, por el momento.

Bescós por Hidalgo


Hoy es sábado pero escribo de un viernes. De ayer viernes. Fui al lanzamiento de “Cilantro” de Roberto Bescós en el Zócalo del Consejo de la Cultura, libro que sale bajo ediciones Economía de Guerra.

Bescós es un viejo tremendo, incluso sin leerlo, sin escucharlo, tiene una estampa especial, de otra época, de otra poesía. Ahora reviso las páginas de “Cilantro” y todo se confirma, la poesía de los ochentas era mucho más jugada, menos cómoda, siempre apostando a la experimentación, eso me lo recalcó ayer Pablo Díaz y estoy completamente de acuerdo. En el caso de Bescós la experimentación parte desde el sujeto popular y de la provincia casi como trinchera de batalla. Y ahora me calza el rollo de San Antonio, de hecho en un momento me dio la sensación de estar allá, todo San Antonio se vino a tomar el lugar, y por supuesto Chinoy, quien se tocó unas cancioncitas y realmente está sonando mejor que nunca.

(...)

*Apreciación tomada del blog de Daniel Hidalgo, amigo que se define como columnista y crítico de libros, parte del equipo editorial de Revista Ciudad Invisible (valpo). Profesor de Castellano salido de la UPLA. Falso rockero al que le cuesta quedarse dormido.

18 de febrero de 2008

El eco de un sonido no dice nada


El eco de un sonido no dice nada
Sólo nos advierte la excitación
del oído como candado que cierra
la boca del poema



1

el título de
estos poemas
es la forma en que
la mano
entona
la vida y la muerte
del susurro
de la llave
que abre
el verso
que se cierra
antes de
cruzar
la puerta
en
el borde
de la noche
para
buscar
los sonidos
de la luz
del día

4

el sólo hecho
de pensar
en titular un
poema;
cuando ordeno
las cadenas
y las hojas de
los árboles
es tocar los
agujeros
del sonido
en las palabras
que dibujan
las vueltas de la
noche
es escuchar
la forma del
silencio
que asume
el humo
del cigarro
es insistir
la forma
del silencio que
quema
las yemas de los
dedos

Habitar San Antonio


"¿Se puede habitar San Antonio?"
Marcelo Mellado


Tratar de explicarle a alguien, que no conozco, lo que significa habitar San Antonio.
Tratar de explicar el aire, el cielo siempre abierto y grande, el rocío helado a cualquier hora del día, las gotitas en la cara como una niebla fría.
Tratar de describir la visión de un mar oscuro, opaco, las líneas de ese mar, el ritmo de ese sonido en las noches, las aguas negras que durante los sueños se mecen en un agobiado silencio.
Las calles, las casitas, las veredas rotas, las escaleras comidas por el tiempo, la soledad, la pobreza, los perros, la lustrosa avenida Barros Luco, tratar de explicarlas, escribirlas en los cuadernos, hallarse uno ahí en ese paisaje, en medio de esa avenida, como si fuese el centro de uno de esos cuadernos, de esos cosidos con hilo al medio, en torno del ruido de las grúas, de las gaviotas exorbitantes, del pasto creciendo entre las grietas. Las plazitas de Barrancas, el borde costero derruido, la huida a Cartagena por los bordes, por ese bosque en donde la basura se comenzó a juntar luego de la pesquera, y las aguas sucias, como de mar mezclado con barro y sangre.
Cómo traspasar ese habitar, donde uno siente que la vida está ahí pasando, cómo situarse ahí de nuevo y hablarle a esa persona de la ciudad, que uno no está ya en parte alguna sino en ese borde, más que como si fuera ya una letra, un surco tatuado en ese barranco, un estampado en una pared del Molo, en una calle, más que como si fuera una simple piedra que no acomoda el camino.
La vida en San Antonio pasa, ya la vida pasó. Cuántas veces se acuñó a ésa ventana la mirada, cuántas veces se lloró en ésa playa, cuántas se miró el mar desde ésa 21 de mayo angosta en la retina. Se habita San Antonio siendo parte de su cauce lento y prosaico, corre uno por las calles, deja su vida a pie desde el muelle a los cerros, se va uno con los barcos tan sólo para imaginarse que se vuelve, sola como nadie.
Pero cómo se habita, acaso se está, se permanece, no es pertenencia, no es la necesidad de retornar, no se abandona nunca, es pernoctar más allá de la palabra, más allá de los besos, más allá de los pasos, es seguir ahí andando por Isla Negra, es deambular por Las Dunas hasta llegar al puente y cruzar un vestigio, un ápice de tiempo. Es denominar un contorno propio como un mapa con nombre nuevo.
Habitar es ser. Es ser eso, ahí. Donde late, donde se abre el ojo. Es pasar las estaciones con la visión en fotografías guardadas que surgen con el trasluz de su renombre. Es haber dejado abierta la visión de su forma por si algún día se completa el cuadro y el foco se cierra, se centra.
San Antonio está desenfocado.
He dejado el lente abierto de San Antonio, estoy pegada a ese lente no con el ojo físico. Lo invento cada mañana, lo corroboro como un amanecer que uno cruza sólo para verificar qué colores o profundidades ha alcanzado.
Se dejan de hacer ciertos caminos en San Antonio. Se deja de morir en San Antonio. (Dejé de morir en San Antonio, dejé de esperar. Dejé de llamar, de desear).
Pero en este silencio ancestralmente opuesto a la ciudad, lo salvo, lo llevo, lo arrastro como alga al cuello en marea creciente.
En estas manos silentes lo tomo y lo llevo a mis rutinas como un guante esmaltado y transparente, sé mirar por esas líneas de manos calcadas en San Antonio, sé leer.
Hay muchos nombres en San Antonio. San Antonio se llama muchos nombres. Hay oscurecidos vientos y hay los más bellos y luminosos cielos.
Se combina la fe, la cruz, el sufrimiento. Se junta el agua, el sabor, la muerte. Se toca la conciencia con cientos de noches, de vigilias, de sigilos infantiles sin armar del todo.
Habitar es nacer. Es respirar las finuras de ciertos instantes y ciertas dichas ocultas. Habitar es poblar, es encontrar en ciertos pasajes físicos o mentales los gestos inmortales del vivir, de quién se es. Quien se vive, quien se viste, se toca, se cubre.
Habitarlo de modo escindido, por una dualidad natural, de tierra y mar, de noche y día, habitarlo queriendo estar en todos lados pero no poder ser todo. Habitarlo luego de haberse ido, por haberse desubicado, por haberse mutado, por no haberse decidido al gesto del paso de la muerte.
Habitar. Querer decirlo. Querer sacarlo. No poder dar con el paradero del sinónimo. No definirlo por no poder atajarlo, atacarlo, tocarlo.
Habitar, ser parte de la idea de un lugar, de una síntesis de vida, en un soliloquio de entrega, porque en San Antonio las vidas se miden con otro tiempo afuera.
Se recuerda San Antonio, pero tampoco se está en la ciudad. No se está en la humedad de la basura, no se comenta la pulpa de la vida con gente alguna.
Se deambula por pasajes anacrónicos, ajenos. Se hace el mismo itinerario, las formas de los gestos incluso comienzan a perpetrarse como parte del paisaje, los hombres y mujeres y pasajeros en general ocupan los mismos asientos mientras el mismo reloj come las horas en busca de nuevos hábitos.
Yo me entrometo, me habito. Habito el mar. A doscientos kilómetros de distancia habito a cada instante el mar y el espacio poético gigante de una mirada que se me cierne encima como una lápida. Habito el espacio nocturno cuando aparece. Habito el son de mis preguntas y las canto como música. Habito la ausencia.
Entiendo que se me ha marcado con la espada de la muerte.
Puedo entender que crecí treinta años en el vientre. Entiendo que no nací pequeña en esta cartografía delineada desde antes. Y que estos ojos desamparados osan mirar por adelantado cuando se les espía.
Así yo vi a San Antonio, lo descubrí así. Los deseos en los contornos, los juegos derivados del instinto, las obsesiones por el fin del cielo y el comienzo del mar, por la letra perfecta, por el anclaje en el silencio.
En las escuelas se practicó el odio, en las iglesias se generó la culpa, en sus calles la sangre corrió por las alcantarillas humanas, las personas se encerraron bajo las grietas de un terremoto macabro. No quisieron salir.
En San Antonio una sola calle principal marca el territorio, lo demás lo hace la gente nueva. Todos los que saben que permanecen, ansían irse. Es una señal de habitar.

I Encuentro de Arte y Ciudadanía



El Taller Buceo Táctico organizó diversos Encuentros en donde los asistentes pudieron reflexionar y conversar en torno a una temática específica. El primero de ellos tuvo como gran eje el teatro, y se llevó a cabo el día 12 de septiembre del año pasado en la Gobernación Provincial de San Antonio.

Para este encuentro invitamos a la actriz y productora Javiera Parada, quien no sólo nos contó sobre su vasta experiencia artística en el extranjero, sino que nos sorprendió a todos con su humildad y cercanía para entregarnos su testimonio.

Javiera fue el otro, quien nos hizo observarnos desde fuera y quien nos dio la posibilidad de enfrentarnos a nosotros mismos como san antoninos residentes y a ratos extraños, y contrastar nuestras opiniones en torno al teatro y su aguerrida disciplina. La concurrencia fue alta, el encuentro se alargó bastante y sobre todo, pudimos presenciar un documental que ella nos regaló llamado Javiera de Barcelona, de la directora Pilar Egaña.

El documental nos dejó atónitos y nos hizo recordar también, a través del relato de la Javiera niña y la Javiera adulta, trasladada a Barcelona, en busca de su camino, de su identidad, del armado de su vida, nuestras propias búsquedas y nostalgias como ciudadanos sobrevivientes de uno de los lugares más mortificados por la dictadura militar, legándonos un silencio que aún dura entre los que estuvimos prestos a escucharla.

En palabras de un buceador, Gabriel Prach, todos los presentes encontraron muy positivo éste tipo de encuentros, dado que se exponen problemas que en general afectan a todos de un modo u otro, además que el diálogo va creando vínculos que enriquecen las propuestas de las diferentes agrupaciones que hacen teatro en la zona. La idea concreta, es crear un teatro que se sustente por si solo, no necesariamente renegando de los fondos institucionales, mas bien que las puestas en escena sean más cercanas al ciudadano común, desde ahí nace fundamental el trabajo, y la autogestión, que es la parte en donde mas se flaquea.

Lamentablemente no contamos con fotografías de dicho Encuentro, puesto que el taller aún no se proveía de una cámara, pero de todas formas está el testimonio de los que asistieron, qué mejor que ese relato.

http://www.javieradebarcelona.cl/produccion.htm

Cultura Litoral



El taller de escrituras y productividades culturales Buceo Táctico, en la V Región, desarrolla una serie de proyectos que pretenden potenciar y diversificar la creatividad de sus operadores -su ventaja comparativa-, más allá de las especificidades artísticas, o en la diseminación de sus signos, como valor agregado.

En ese contexto hemos generado, con algunos cómplices territoriales, un emprendimiento de ocupación en el secano costero y en el litoral. Se trata de establecer conectivas entre arte y ciudadanía, y entre tecnología y creatividad. Son estrategias de sobrevivencia para enfrentar las amenazas de una modernidad catastrófica. El taller privilegia tres áreas de productividad: la asociativa, la tecnocreativa y la de operaciones de escritura.

En lo concreto el taller promueve una nueva escena cultural regional, compuesta de poetas, narradores, músicos y artistas escénicos, intentando copar los diversos registros del trabajo creativo-productivo. Uno de los proyectos es una editorial -Economías de Guerra-, la generación de un centro formativo y el cultivo de un terreno agrícola en el secano costero, recuperando el espíritu de la colonia tolstoiana.

Estamos acostumbrados al escritor cortesano o de salón, y al agregadurismo cultural, medio versallesco, de una incontrarrestable voluntad de poder. El escritor territorial, en cambio, sale de su escritorio y hace del paisaje su soporte de trabajo. No es un simple land art, aunque lo incluiría en una clara perspectiva interdisciplinaria.

No estamos pensando en el "escritor comprometido", sino en el operador cultural de su comunidad, no siempre querido por ésta, porque no renuncia a su ejercicio crítico, ya que debe leer las formas latentes y manifiestas que la estructuran.


En: Artes y Letras, El Mercurio, domingo 7 octubre 2007.

17 de febrero de 2008

Respuesta ante la exigencia de una Poética



Creo que era necesario decírmelo, escribir algo así como una carta en donde (me) confesara el por qué de mi escritura. Creo que no era necesario decírmelo a mí misma, escribirme una carta confesando el por qué de mi escritura. Y es que mirarse a un espejo tan crudo como el de las palabras y ahondar en él hasta la grieta de lo obvio, escribir el por qué del escribir, es una tarea demasiado literal, demasiado cruel; el cuerpo queda hecho un solo poema que no cabe en ningún libro, que no se puede volver a corregir, ni siquiera a leer. Después de decírmelo, esa noche, frente a todos, el por qué, huí. Me ahuyentaron las excesivas miradas de abandono sobre la mesa de discusión; El eco de una voz que no era precisamente, la mía. Me sobrepasó el señor de la primera fila que con todo su cuerpo, y más aún, con sus ojos, establecía pleno contacto con mi mano escribiente y tan muda. Ahora, no sé cómo aprender a caminar de nuevo, a moverme con todo este cuerpo escrito encima, tan lleno de palabras que le sobran y que, por supuesto, le faltan.

Ahora, ¿cómo me visto? ¿Cómo leo esas miradas en mi cuerpo escrito con preguntas? Me preguntaron si estaba consciente de la corriente de los ’80 (¿del pasado en mi herida?) a lo que respondí que sí, que me fascinaba suicidarme yendo a lecturas como esas... en donde la poeta que soy es leída de reojo, en donde la poeta que era se separó de mí y se quedó allí sentada en primera fila, tan cerca del señor de los ojos color de agua... Entonces, de golpe, recobrar mi territorio, la palabra de mi anverso, aprender por enésima vez a hacerme el margen, para que nadie pase, para que nadie pregunte quién era Narciso, y si la sangre alguna vez corrió demasiado pura pierna abajo, demasiado desgarradora página arriba.


Valparaíso, 2001.

Poética del Cilantro

DESALIENTO

Tanta poesía venteada por el mundo
hecha sobre una piedra, sobre una esquela.
Hecha en la carne, en el libraco de las vidas.
Tanta elevación sin pena ni gloria
que me hago analfabeto, o esquirla.
Un poema más que no conmueve a gente alguna
que se pierde buena parte del sentido,
¡hay tantos poetas en la tierra
i de tan variada especie!
Unos escriben con letra clara.
Otros con caracteres confusos.
Unos emplean la mano izquierda.
Otros lo hacen con cortaplumas.
En el tronco de un árbol o en las paredes
de un excusado.
A veces incluso cambio de letra o de estilo
por probar, por ver si esto significa algo
positivo.
“¡poetas!…”, dice le mundo
solo y cero palidezco: (callo)



SACRIFICADOS

Conozco amigo, conozco de un amor
que no tiene sexo, ni firma, ni pifia.
Es un amor que siento subterráneo
i ciego, no baja la vista;
le sonríe al viento, a la tristeza, al sol.

Amigo, los amores callados
no piden pan ni cosa alguna.
Callan, casi lloran. Ríe siempre,
como un perro fiel. Siempre.
Es la noble desgracia de los sacrificados.

INADVERTIDO

Podré estarme el tiempo que se me ocurra
en el descolorido escaño, junto las
rosas,
podré descansar despierto
soñar con este sueño querido
hasta mañana por la tarde
hasta pasado por la noche
toda la vida
veranos, navidades, inviernos, nuevos
dioses
hasta que un vientón como un agente
registre mis documentos vencidos;
el municipal me retire a golpe de
agua, o envuelto en hojas de árbol abril
como a restos de insecto.
Mientras que no lleguen esos críticos
momentos
podré tragarme la ciudad,
el frío,
las propiedades del sol,
las tiranteces del ambiente,
los saludos cada vez más distantes;
a nadie preocuparé con mi actitud insocial
podré accionar hasta el arma secreta
a vista i paciencia,
demostraré a mis duendes
que la profesión más fácil es la de pasar
inadvertido.

En: Tiempo sin raíces. 1981.

Ana Karenina



Leo unos episodios de Ana Karenina, el insomnio me impone los clásicos. Me entusiasmo con un baile aristocrático, pleno de miradas y encajes, valses y mazurcas; me encanto con la escena, y no por su contenido "psicológico", sino por la voluntad, narrativa, de intervenir éticamente la historia, la del relato y la otra. También me fasciné con un personaje, Levin, un aristócrata rural que además de sus labores productivas, escribe un tratado de economía agraria. Levin hace un paseo por el campo luego de volver de Moscú, victimado por un amor no correspondido, que mitiga su dolor con sus rasgos paradisiacos. El relato se interna en varios aspectos técnicos propios de las labores agropecuarias, que estarían en la base de su utopía.

El género novela es tributario del discurso amoroso o es la 'escenificción' de un quiebre afectivo en que un sujeto sufre por una distancia dolorosa con ese objeto de amor que no quiere estar para él. Yo tuve una experiencia rural escritural en que partí tolstoianamente y terminé en la más flaubertiana, a lo Bouvard y Pecuchet. Al parecer correspondió a un error de lectura, nuestra ruralidad no es la del exilio salvífico, sino un campo de citas y batallas entre civilización y barbarie, o entre dos barbaries, para ser más exactos: la agroindustria y las parcelas de agrado.

El narrador omnipotente tolstoiano, como corrector moral, nunca tan arrogante como el narrador nihilista contemporáneo, será el paradigma de una historia que pretendo escribir sobre la batalla de Placilla. Para ello, me recomendó mi editor, debo leer detalladamente los relatos de batallas de La Guerra y la Paz. Las almohadas del insomnio serán el campo de citas de una ficción trágica.



En: Artes y Letras, El Mercurio. Domingo 6 agosto 2006.

No todos tienen la suerte de ser huérfanos


Echo de menos a un amigo que un día se fue a Argentina, donde me imagino que sigue viviendo. Siempre me acuerdo de algunas frases suyas que, aunque no eran para el bronce, estaban muy bien enlatadas y me han servido como una especie de modelo o guía para transitar -dicho sea en tono de bolero- por el pedregoso camino de la vida.

“No todos tienen la suerte de ser huérfanos”, declaraba con maravillosa arrogancia al sentirse exigido por la institucionalidad patriarcal. En su comparecencia cotidiana, su saludo habitual tenía la forma de una dichosa pregunta: “¿Y, cómo anda ese fracaso?”. Otra de sus preciosas intervenciones acontecía cuando alguien se extendía más de la cuenta en un relato, que solía interrumpir así: “Un momento. Antes de continuar con la historia, ¿hay o no hay en ella penetración, porque, si no, para qué seguir con el cuento?”. Cómo olvidar, además, su candor al preguntarme, durante un inolvidable almuerzo, si me acordaba del momento exacto en que mi padre me había abandonado. Debo admitir que su comportamiento lingüístico a veces desesperaba a su mujer, una trasandina realmente encantadora.

Recuerdo que una vez mi amigo llegó a mi casa premunido de un plumón y, sin que me percatara, intervino diversos puntos del inmueble -interruptores, guardapolvos, caras interiores de repisas- con pequeños dibujos de penes. Pasaron varios meses antes de que me diera cuenta de los cientos de falos que había esparcido por toda la casa, los que en rigor fueron descubiertos de a poco por mis hijos y las visitas.

Él me enseñó el uso maliciosamente crítico de las partículas “me” y “lo” en el habla cotidiana, esas que se ponen al final de alguna palabra y que remiten, inexorablemente, a las partes pudendas (“agárramelo”, “míramelo”, “tócamelo”), pero que ciertos giros de la creatividad convierten su uso en un distorsionador del sentido común.

Así, jugando audazmente a no tomarse en serio la vida, descomponiendo las supuestas certezas del día a día, mi amigo me acompañó en algunos periodos de urgencia catastrófica, siempre riéndose -en ocasiones dolorosamente- y a veces llorando, sin mayores testigos, la intimidad de las derrotas.

Cada cierto tiempo me acuerdo de él y creo que hoy necesito su presencia más que nunca, porque en ese entonces me proveía (ahora sólo me provee su recuerdo) de herramientas retóricas para poder levantarme cada mañana. Era -sigue siendo, estoy seguro- un sujeto clave para elaborar una ética y una estética del fracaso, para generar una pasión y un gesto moral capaces de derrumbar la histeria exitista y el delirio quejumbroso de la cotidianidad, o al menos de hacerles el peso. Necesito su impunidad creativa para desarmar a los tontos solemnes y su cuota de desatino para neutralizar las imposturas.

Ojalá que uno de estos días aparezca.


En: LUN, 3 de octubre 2003.

Sinopsis


“Hay esperanza pero no para nosotros”
Franz Kafka



Y llegábamos tarde, uno de los dos más tarde que el otro,
pero tarde, todo nos pedía prisa, en un golpe de sonido que se atrasa
en las paredes que se rompen por las vibraciones de nuestros pasos;
quiero decir que teníamos que escaparnos de nuestras vidas,
De lo que era para nosotros vivir –para vivir-,
mas nos inventamos este beso y este cuerpo.

"en dónde habíamos estado”-nos decíamos
como si pudiéramos arrancarle dulzura a la angustia…

-una dulzura como un durazno maduro y embriagadoramente irritante-

“en dónde habíamos estado.”

Aparecemos tendidos en la semioscuridad de esta pensión,
con los cuartos, las habitaciones de escaleras pequeñas e improvisadas
tratamos de encontrarle una distancia a todo lo que estaba afuera…
con la única ambición de aparentar a los amantes de puertos
entre los orines y el trazo de un vals mal entonado por unas monedas
pagadas con furia, porque el amor fue en esos momentos… Bueno; un lecho,
una cama de incertidumbres y de formas tortuosas y tiernas.

-el adjetivo es una Ilusiones ópticas, como el secreto de una sombra
una pulsión tortuosa de los oídos en mis ojos-

Una desesperación tan simple que se transforma
en nuestra religión,
y estamos tan conciente de aquello
que nos amparo el frío y dejamos que este mismo frío
nos encontrara en los rincones de nuestros besos…
mientras miramos a esa polilla que muere frente a la luz;
con las alas extendidas daba su mejor y más bello baile,
como si esto fuera un milagro,
un pequeño milagro que tenía que dar al final de sus días,
un milagro de la religión
de los desesperados y nada más;

como si toda su vida no fuera más que este acto de muerte
y nosotros: sus más bellos y desafortunados espectadores
la vemos morir y bailar torpemente,
con esa torpeza que corona la distancia en la pretensión de un sueño
que obliga a darle forma a una polilla.
Como si fuésemos capaces de arrancarle belleza
a esta vida que nos duele.

Pero no
nada tiene que ver la belleza con nosotros, nada,
o por lo menos con nuestra belleza que es más dolorosa.
Nada tiene que ver la felicidad con nosotros,
sólo pedíamos que nada cambiara,
que eso que pensamos como felicidad se nos colara en la deformación
de pequeños detalles, detalles que nos hacia creer en nuestra dulce
monstruosidad cuando escuchamos
la delgada melodía de la frotación de los cuerpos

detalles absurdos,
cortarte el pelo con los ojos cerrados

detalles absurdos;
que cada vez piense en ti utilizar como Mantra una imagen,
en la que un taxista asesine, en la misma esquina, con una cámara fotográfica,
el encuadre de la madrugada, sólo porque nadie lo ve y se conmueve al hacerlo.
Todo esto en el respirodelpensamiento, en el mantradeloslatidos.

Detalles absurdos:
<>

Pedíamos ser fuertes, más fuertes, pedíamos mucho de todo.
Y el amor como la confirmación de la desaparición y la viudez.

“estamos viejos y nuestro amor cansándose de sí mismo”

Y cada uno quería sobrevivir del otro,
o imaginamos que sobrevivimos
en una ilusión óptica de la memoria
desdoblada en una infección de luz;
en el olvido que ratifica estos paseos para nada
es un cuarto dentro de otros cuartos que aparecen en la impudicia del estilo.

De: Sinopsis.

Nos lanzamos al agua


Amigos, enemigos, lectores, curiosos, detractores, cómplices:


Nos lanzamos a la red para compartir y exponer sobre todo aquello que nos reúne, pero principalmente para seguir funcionando como taller. Este espacio necesario se abre para la comunicación y el diálogo, esperamos contar con su relato.


¡ enhorabuena!


Saludos.